AUDIODESCRIPCIÓN ACÁ
(TEXTO LECTURA FÁCIL AL PIE)
ITINERARIOS FEMENINOS
A mediados del siglo XIX, la población de Rosario cambió su fisonomía tradicional. Se iniciaba por entonces un lento proceso de transformación social motorizado por la prosperidad comercial iniciado a finales de la década de 1840 y potenciada en la etapa de la Confederación (1853-1860). La antigua dirigencia social y económica de los Arroyos fue testigo de cómo las matrices ordenadoras de la antigua sociedad se transformaban al calor del comercio y la inmigración ultramarina.
En la segunda mitad del ochocientos aparecieron las primeras iniciativas de visibilización de la mujer en la sociedad de la novel ciudad. En ellas participaron mujeres pertenecientes a la antigua dirigencia social de Rosario y del espacio rural circundante. La fundación de la Sociedad de Beneficencia de Rosario en 1854 fue impulsada por mujeres de origen patricio del Pago de los Arroyos. Su primera presidenta, Laureana Benegas de Correa, pertenecía a una plurisecular e influyente familia propietaria de tierras rurales y urbanas de Rosario. Su antepasado más conocido, el propietario de tierras Josep Benegas, tuvo a su cargo el censo de los productores y de los trigos cosechados en 1758 en los Arroyos (el llamado Padrón de Benegas) para el pago del diezmo de ese año. Laureana Benegas de Correa impulsó el proyecto de construcción de la primera institución pública para la asistencia de la salud de la población de Rosario. De esta primera experiencia de liderazgos femeninos participaron otras integrantes del antiguo patriciado local (Eusebia Rodríguez de Rosas) y provincial (Ángela Cullen de Castellanos, Celestina Echague de Salvá, Margarita Mazza de Carlés). El Hospital de Caridad (hoy Hospital Provincial), fue creado solo un año después (1855) de iniciadas las actividades de la Sociedad de Beneficencia de Rosario, cumpliendo una demorada demanda de la población local.
Dos décadas más tarde se sumó a estos nuevos espacios de sociabilidad femenina una institución solventada por la beneficencia privada, la Sociedad de Damas de la Caridad (1869), con el fin de atender el cuidado de la población infantil de bajos recursos, uno de los sectores más vulnerables de la novel ciudad en donde predominaban altas tasas de mortalidad infantil. María de los Ángeles Rodríguez de Rosas, integrante de la primera Comisión de la Sociedad de Damas de la Caridad, donó junto a su esposo Juan Antonio Rosas, el terreno en donde se edificó el Hogar de Huérfanos (1874), ubicado entonces en un área periurbana de la ciudad. La institución, dedicada a la salud de la población infantil y al cuidado de huérfanos y expósitos, incorporó a las Hermanas del Huerto (orden religiosa procedente de Liguria) para la atención de los niños recibidos en la entidad.
En las décadas centrales del ochocientos la ciudad de Rosario brindaba una oferta limitada de actividades laborales, todas ellas de baja o nula calificación (jornaleras, sirvientas) y de escasos salarios. Los oficios tradicionales vinculados al sector vestimenta (bordadoras, costureras, modistas) y del servicio doméstico (planchadoras, cocineras, lavanderas) concentraban los mayores núcleos de la demanda de trabajo femenino urbano. En el recuento de la actividad laboral de las mujeres en Rosario, cabe tener en cuenta otro fenómeno destacable: el subregistro a la hora de declarar el trabajo femenino fuera de las “labores” domésticas. A excepción del caso de los hogares de altos ingresos, el trabajo femenino no declarado es una variable constante y plurisecular. A las tareas domésticas familiares, se sumaban mayoritariamente otras que contribuían a incrementar o bien equilibrar el ingreso familiar.
En la década de 1890 el tejido económico de Rosario se había complejizado y diversificado tras el ingreso de nuevas ramas manufactureras vinculadas tanto al mercado interno (fábricas de cigarrillos, licores, alimentos, calzado) como al eje exportador (molinos, fábricas de bolsas de cereales, industria de procesamiento de azúcar y de yerba mate). El Censo de Rosario de 1910 registró 1561 mujeres trabajando como operarias y empleadas en establecimientos fabriles y comerciales de la ciudad (13 % del total de las mujeres que trabajaban en la ciudad). Entre 1895 y 1914 se produjo un segundo y diferente ciclo de visibilización de la mujer en la ciudad de Rosario. El modesto número de trabajadoras que participaban del mundo fabril de fines del ochocientos estuvo presente en los movimientos contestatarios de la época: la adhesión y presencia de grupos de trabajadoras en las huelgas obreras organizadas por el anarquismo local dejaron huellas persistentes en las generaciones que siguieron a la Primera Guerra Mundial. La organización de las mujeres trabajadoras, tal como fue el caso del grupo “Las Proletarias” lideradas por Virginia Bolten y la española María Calvia, entre otras, no limitaba sus demandas a cuestiones salariales: también pusieron en discusión el lugar subsidiario que ocupaba la mujer a principios del novecientos tanto en el ámbito doméstico como en el mundo del trabajo. Los proyectos feministas se expresaron en órganos de prensa propios, como fue el caso del periódico “La Voz de la Mujer”, editado en Buenos Aires entre 1896 y 1897 y brevemente en Rosario en el año en 1899. La prensa fue instrumento de difusión de las ideas del feminismo anarquista y herramienta de construcción de nuevos recursos culturales difundidos a través de redes de intercambio en todo el país. Otras voces del feminismo se hicieron escuchar en Rosario en la primera década del novecientos, como fue el caso de la escritora y oradora socialista Juana María Begino, defensora del sufragio femenino y de los derechos de la mujer.
TEXTO LECTURA FÁCIL
Los túneles del tiempo
Rosario y sus mujeres
Itinerarios femeninos
1850–1860 – Una ciudad en transformación
A mediados del siglo 19, Rosario comenzó a cambiar.
La ciudad dejó atrás su forma tradicional.
Empezó un proceso lento de transformación social.
Este cambio estuvo impulsado por:
- el crecimiento del comercio
- la llegada de inmigrantes de otros países.
La antigua dirigencia del Pago de los Arroyos vio cómo la ciudad se abría a nuevas formas de organización social.
1854 – Primeras mujeres en la vida pública
En la segunda mitad del siglo 19, las mujeres comenzaron a tener mayor visibilidad en la vida pública de Rosario.
Las primeras iniciativas fueron impulsadas por mujeres de familias tradicionales de la ciudad y del entorno rural.
En 1854 se fundó la Sociedad de Beneficencia de Rosario.
Fue creada por mujeres de familias patricias del Pago de los Arroyos.
Su primera presidenta fue Laureana Benegas de Correa.
Pertenecía a una familia con gran influencia económica y social.
Entre sus antepasados se encontraba Josep Benegas, responsable de un censo realizado en 1758.
1855–1874 -Salud y asistencia social
Desde la Sociedad de Beneficencia se impulsaron acciones clave.
En 1855 se creó el Hospital de Caridad, hoy Hospital Provincial.
Fue la primera institución pública de salud de la ciudad.
En 1869 se fundó la Sociedad de Damas de la Caridad.
Su objetivo fue asistir a niños y niñas de bajos recursos.
Gracias a la donación de un terreno, en 1874 se inauguró el Hogar de Huérfanos.
Allí se cuidaba a:
- huérfanos
- niños y niñas expósitos
- la salud infantil.
Para esta tarea se incorporaron las Hermanas del Huerto.
Era una orden religiosa llegada desde Italia.
Se encargaban del cuidado diario.
1850–1880 – El trabajo femenino invisible
Durante gran parte del siglo 19, las mujeres tuvieron pocas oportunidades de trabajo.
La mayoría de los empleos eran mal pagos y con poca formación requerida.
Los trabajos más frecuentes estaban ligados a la vestimenta:
- costureras
- bordadoras
- modistas.
También eran comunes las tareas domésticas:
- lavanderas
- cocineras
- planchadoras
Gran parte del trabajo femenino no quedaba registrado.
Además del trabajo en el hogar, muchas mujeres realizaban tareas informales para sostener a sus familias.
1890–1910- Nuevas industrias, nuevas trabajadoras
Hacia la década de 1890, la economía de Rosario se volvió más compleja.
Aparecieron nuevas industrias:
- alimentos
- cigarrillos
- calzado
- bebidas
También crecieron las industrias vinculadas a la exportación:
- molinos
- fábricas relacionadas con los cereales.
En este contexto, más mujeres comenzaron a trabajar fuera del hogar.
El Censo de 1910 registró más de 1.500 mujeres trabajando en fábricas y comercios.
Aunque eran pocas, este dato marcó un cambio importante.
1895–1914 -Mujeres y lucha social
Entre 1895 y 1914 se produjo un nuevo proceso de visibilización femenina.
Muchas mujeres trabajadoras participaron en movimientos sociales.
Intervinieron en huelgas y protestas vinculadas al anarquismo.
Estas acciones dejaron una huella profunda en las generaciones posteriores.
Se formaron grupos de mujeres trabajadoras, como Las Proletarias.
Entre sus referentes se destacaron:
- Virginia Bolten
- María Calvia, de origen español.
Estas mujeres reclamaban:
- mejores salarios
- mejores condiciones laborales
- igualdad dentro y fuera del hogar.
1900–1915 · Feminismo y palabra pública
Las ideas feministas encontraron un espacio clave en la prensa.
El periódico La Voz de la Mujer fue fundamental para difundir el feminismo anarquista.
A través de estos medios se crearon redes de intercambio de ideas en distintas ciudades del país.
A comienzos del siglo 20, nuevas voces feministas surgieron en Rosario.
Una de las más destacadas fue Juana María Begino.
Fue escritora, oradora socialista y defensora:
- del derecho al voto
- de los derechos de las mujeres.