(TEXTO LECTURA FÁCIL AL PIE)
ROSARIO Y EL CICLO DE ESPECIALIZACIÓN TRIGUERA (1860-1895)
Desde finales de los años de 1840 Rosario contó en sus cercanías con un creciente entorno de producciones trigueras intensivas. En las décadas siguientes la producción agrícola creció exponencialmente en los distritos cercanos a la ciudad y en las tierras ubicadas en el centro del departamento Rosario. Se introdujeron importantes mejoras en la calidad de las semillas, en el manejo de los suelos y en el aprovechamiento de los barbechos, lo que muestra el notable crecimiento que tuvo el paquete tecnológico aplicado a la siembra de trigo, ensayado primero en las colonias santafesinas del centro provincial y luego en los núcleos agrícolas cercanos a Rosario.
La innovación en las técnicas y en las prácticas agrícolas del último cuarto del ochocientos incrementó la superficie cultivada por unidad de explotación, factores que resultaron clave para el desarrollo de una agricultura extensiva y especializada. El aumento de la escala productiva supuso a su vez un proceso de reducción de los costos de producción. La introducción de nuevos métodos y de maquinaria permitieron incrementar con eficiencia y rapidez las labores de roturación en suelos nuevos logrando surcos profundos con un bajo número de labranzas. La introducción de arados importados y con rejas múltiples, más livianos que los arados criollos tradicionales, aumentaron la capacidad operativa de las tareas y la reducción de los tiempos en el segmento de labranza, al mismo tiempo que las máquinas sembradoras reemplazaban las antiguas técnicas de siembra al voleo.
La nueva matriz productiva exigió perfeccionar otros eslabones estratégicos del proceso de trabajo agrícola. La introducción de máquinas segadoras y trilladoras redujo a su vez los costos de los segmentos más onerosos del ciclo triguero. La mecanización de la siega y de la trilla resultó estratégica para el ahorro de tiempos y la mejora en la calidad del trigo producido mediante procesos mecánicos. El aumento progresivo de la complejidad técnica de la maquinaria agrícola de finales del ochocientos dio paso a la importación de maquinaria agrícola europea y estadounidense sobre todo en los segmentos de mayor costo y complejidad técnica (segadoras, sembradoras, trilladoras).
Desde mediados del siglo XIX Rosario ya contaba con un consolidado grupo de comerciantes cuyos capitales se habían acrecentado a partir del comercio con las provincias del interior entre 1840 y 1860. La experiencia adquirida como abastecedores de los ejércitos aliados durante la Guerra con el Paraguay acentuó la especialización de esas empresas en el negocio de la exportación de cueros y lanas, productos a los que se sumaron después los embarques de trigo destinados a los mercados de cereales. Algunos empresarios que se habían especializado en la exportación de productos ganaderos entraron en el negocio de la exportación del trigo y en la introducción de maquinaria agrícola.
El papel de Rosario fue clave en el acceso a complejos tecno-económicos orientados a potenciar la modernización de la matriz agrícola y el aumento de la producción triguera en los nuevos espacios productivos del centro y del sur provincial. La ciudad fue el mayor epicentro importador de maquinaria para el agro del interior del país. En la década de 1880, las empresas comerciales dedicadas a la importación de maquinarias para el agro y de exportación de cereales sumaron a su negocio la provisión de insumos para sectores manufactureros emergentes tales como las fundiciones, carpinterías y talleres metalúrgicos que abastecían a grandes establecimientos fabriles (molinos, refinerías, ferrocarriles).
MODERNIZACIÓN AGRÍCOLA E INDUSTRIA: LA PRODUCCIÓN HARINERA EN ROSARIO
Hasta mediados de la década de 1870, Argentina dependía en buena parte de la oferta extranjera de harinas. Con una producción asentada en métodos arcaicos de molienda, los establecimientos molineros existentes a mediados del siglo XIX no contaban con suficiente capacidad instalada para abastecer el mercado interno. Las calidades de los trigos sembrados resultaban además inadecuadas para la elaboración de harinas finas semejantes a las requeridas por los estándares europeos y de América del Norte.
La expansión de la producción agrícola de los últimos decenios del siglo XIX creció de la mano de la introducción de nuevas variedades de trigo. Se trató de un proceso de renovación de semillas, mejor adaptadas a las condiciones de cultivo pampeanas, entre las que se destaca el Barletta, una semilla traída de Italia por comerciantes genoveses instalados en la ciudad de Buenos Aires a mediados de la década de 1840. Constituía un trigo de muy alta calidad, más resistente y adaptable al cultivo extensivo en tierras de frontera. El Barletta fue tempranamente introducido en las colonias agrícolas del centro de Santa Fe, llegando en poco tiempo a las tierras del sur provincial.
El cambio en la matriz tecnológica agrícola tuvo un efecto multiplicador en las actividades manufactureras de la ciudad de Rosario. La ciudad fue pionera en el desarrollo de la producción harinera. Comerciantes y empresarios invirtieron capitales en la molienda de trigo. A finales de la década de 1850 se crearon establecimientos harineros que fueron desplazando paulatinamente del escenario local a las tradicionales atahonas rurales (de escasa capacidad de molienda y escasos recursos técnicos, tales como la molienda de piedra y la tracción animal). Los primeros dos molinos que funcionaron en la ciudad se instalaron al sur de la ciudad. Como fenómeno asociado al ciclo de especialización cerealera, emergieron una serie de emprendimientos manufactureros que buscaron generar valor agregado en la producción agrícola, entre los que se destacó la industria molinera. Ya a mediados de la década de 1850 el empresario de origen riojano Timoteo Gordillo instaló en la ciudad un molino moderno con maquinaria importada: el Molino Blanco, ubicado en el límite sur de la ciudad, fue accionado con fuerza hidráulica movida por las aguas del arroyo Saladillo embalsadas entre muros. A este emprendimiento le siguieron otros como el Molino La Estrella fundado por Marcelino Semino en 1865.
A partir de 1870 el crecimiento del número de molinos a vapor incrementó la producción harinera en la ciudad. Rosario y los distritos cerealeros de las colonias agrícolas del centro y del sur provincial fueron la punta de lanza de la incorporación de tecnología moderna en los procesos de molienda. La industria molinera de Rosario representó uno de los sectores líderes de la economía local. Su crecimiento se basó en la innovación, la inversión y la renovación basadas en maquinaria perfeccionada y adaptada a métodos modernos de molienda como por ejemplo el uso de cilindros verticales de metal y el cambio de matriz energética basada en motores eléctricos para la obtención de harina de primera calidad orientada al mercado mundial. A finales de la década de 1880 se había completado la optimización del procesamiento de harinas mediante la instalación de cilindros de porcelana que sustituyeron el antiguo sistema de molienda a piedra, uno de cuyos ejemplos fue el Molino Nacional establecido en Rosario por la empresa Wildermuth y Cia. en 1887. La mejora de la calidad de las harinas impulsó el alza de los precios de los trigos libres de impurezas generados por la modernización de las técnicas y la introducción de maquinaria agrícola. En 1895, 69 de los 74 molinos existentes en la provincia utilizaban el sistema de molienda por cilindros, ubicando a la provincia y a Rosario a la cabeza del proceso de modernización de la industria harinera de Argentina.
DE MALLORCA A ROSARIO: PANIFICACIÓN E INDUSTRIA MOLINERA
El crecimiento de Rosario durante el último cuarto del siglo XIX convocó la llegada masiva de europeos a sus costas. Desde España arribaron inmigrantes de distintos espacios regionales peninsulares. Numerosos catalanes y baleares atravesaron el Atlántico emprender negocios y actividades manufactureras, desarrollar oficios y trabajar en la construcción de infraestructuras e industrias de la pujante ciudad.
Juan Cabanellas (Pollensa, 1855) recorrió un itinerario destacado en el ámbito empresarial de Rosario y de la región triguera. Desde su arribo a la ciudad avanzó en el segmento de la panificación creando el establecimiento La Europea (1884-1885), negocio que le permitió iniciar en poco menos de una década, otros negocios asociados a la producción de harinas. Su primer acercamiento a la actividad molinera data de 1891, cuando alquiló el molino a vapor denominado Molino Harinero Rosario ubicado en el sur de la ciudad a Henry B. Coffin (socio capitalista de la Sociedad de Graneros de Rosario creada en 1879 junto a C. Casado del Alisal). A lo largo de la década de 1890, Cabanellas expandió sus negocios dentro del segmento de la molinería, participando como socio y después como propietario del Molino Maciel, emprendimiento que habían iniciado sus coterráneos Albertí, Salas y Cia. En los inicios del nuevo siglo, Cabanellas modernizó el establecimiento harinero de Maciel instalando motores a vapor y cilindros de porcelana de origen europeo, aumentando de este modo la capacidad de producción y la fabricación de cuatro calidades de harinas. El ciclo de expansión y de articulación vertical de sus negocios avanzó al segmento de la comercialización, acopio y producción de cereales (trigo, maíz, lino). Durante la primera década del novecientos, las empresas de molienda, acopio de granos y panificación unificaron su patrimonio en la sociedad Cabanellas y Cia. (1906), incorporando como socios y encargados de la gestión empresarial a parientes (Tellechea y M. Cabanellas Rotger) y amigos mallorquines (F. Colomar).
El crecimiento patrimonial de Juan Cabanellas habilitó la construcción de uno de los mayores establecimientos de panificación de la ciudad en 1913. Convocó para ello al arquitecto mallorquín Francisco Roca y Simó, instalado en Rosario en 1910 y representante del modernismo catalán.
MAQUINARIA AGRÍCOLA Y AGRICULTURA ESPECIALIZADA
La incorporación de maquinaria basada en el paradigma de la agricultura de escala transitó un prolongado proceso de innovación en el cual diferentes actores (productores, profesionales técnicos, comerciantes e intermediarios, fabricantes) adaptaron, ajustaron y modificaron a las condiciones locales la oferta tecnológica generada en otras estructuras ecológicas y climáticas.
Desde la década de 1880, Argentina se convirtió en uno de los grandes importadores mundiales de implementos y maquinaria agrícola. La participación de empresarios locales dentro del sector de importación de maquinarias a fines del ochocientos tuvo como objetivo atender a la demanda de mejoras en los equipos importados que el mercado local imponía. Las grandes casas importadoras incorporaron cuadros técnicos para dirigir las áreas de reparaciones mecánicas que en algunos casos impulsaron la construcción local de maquinaria y de procesos adaptados a los métodos culturales pampeanos.
Como centro especializado de distribución y de venta, desde la ciudad de Rosario se tejieron densas redes de distribuidores de venta directa en cada rincón del interior provincial y regional. Los integrantes del influyente conglomerado de importadores con sede en Rosario (Schiffner, Chiesa, Pinasco) contaban con redes y conexiones comerciales tejidas en pueblos y localidades del interior cerealero de la provincia.
A fines del siglo XIX, las casas introductoras y representantes de firmas extranjeras cubrían un gran abanico de productos relacionados. Algunas empresas introductoras extranjeras se mantuvieron largo tiempo en operación y concentraron una importante cuota del mercado. El ejemplo más claro es el de Agar Cross, fundada en 1884, con casa matriz en Londres y sucursales en Nueva York, Rosario, Tucumán y Bahía Blanca.
Los sistemas de comercialización de la maquinaria extranjera contaban con una estructura compleja de ventas de equipos y de repuestos, de demostración y asesoramiento profesional y de generación de una red de agentes y de representantes comerciales en la Argentina encargados del mercado nacional y provincial. Las empresas europeas y norteamericanas contaban con tecnología madura y economías de escala a partir de las cuales producían equipos a bajo costo. Los agentes comerciales de la maquinaria importada aportaron depósitos y talleres mecánicos en sus sedes principales, adonde desarmaban y reparaban equipos, vendían repuestos y ofrecían servicio de reparaciones que incluían el envío sin cargo de personal especializado a la campaña para la revisión de las máquinas.
Los procesos innovativos generaron un entramado de aprendizajes y de conocimientos dentro de los cuales se asociaron las empresas encargadas de introducir maquinaria en el país. Lejos de viajar en un solo sentido, dichos procesos circularon desde los usuarios y agentes de comercialización a las fabricantes americanas y europeas de maquinaria agrícola.
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TEXTO LECTURA FÁCIL
Los túneles del tiempo.
Entre la tierra y el agua.
Tercer tiempo: Rosario y el Parque de España (1984–1994)
Década de 1970
La inmigración española hacia la Argentina llegó a su fin.
Las comunidades españolas comenzaron a perder renovación.
En Rosario, este cambio también se hizo visible.
1975
Murió Francisco Franco.
Terminó la dictadura en España.
1975–1982
España inició la Transición democrática.
Se redefinieron los vínculos con las comunidades españolas en el exterior.
Década de 1980
En este nuevo contexto surgió el proyecto del Parque de España en Rosario.
La iniciativa fue impulsada por empresarios y dirigentes españoles locales.
Entre ellos se destacaron Francisco Rodríguez (La Virginia) y E. Azanza.
1984–1994
El Parque de España se desarrolló como un espacio cultural y educativo.
Buscó reabrir el diálogo democrático entre España y las comunidades emigradas.
El proyecto marcó el cierre de un ciclo histórico y la apertura de una nueva etapa de intercambio cultural.