{"id":1912,"date":"2020-08-20T16:36:38","date_gmt":"2020-08-20T19:36:38","guid":{"rendered":"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/?post_type=mec-events&#038;p=1912"},"modified":"2020-09-17T14:25:28","modified_gmt":"2020-09-17T17:25:28","slug":"filba-rosario-2","status":"publish","type":"mec-events","link":"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/actividades\/filba-rosario-2\/","title":{"rendered":"Textos-ecos de Rosario"},"content":{"rendered":"<div id=\":110\" class=\"ii gt\">\n<div id=\":t2\" class=\"a3s aXjCH \">En el marco del FILBA Nacional, que tuvo lugar en el espacio virtual del CCPE el pasado mes de abril, tres escritorxs fueron convocado a escribir desde una visita imaginada a aqu\u00e9llos lugares de Rosario que guardan alguna memoria personal. Tambi\u00e9n se animan a experimentar el camino inverso: revisar qu\u00e9 pasa con el recuerdo antiguo de un lugar cuando se lo contrasta con una imagen actual. Beatriz Vignoli, Camila Sosa Villada y Elvio Gandolfo escriben Textos-Ecos de Rosario.<\/div>\n<div><\/div>\n<div class=\"a3s aXjCH \">El <a href=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/actividades\/filba-rosario\/\">Filba Nacional Rosario<\/a> tuvo lugar en modo virtual a trav\u00e9s de nuestras redes sociales y sitio web desde el 23 al 25 de mayo de 2020. Acci\u00f3n co-organizada con <a href=\"https:\/\/filba.org.ar\/\">Fundaci\u00f3n FILBA<\/a>.<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"yj6qo\"><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\n<h1>Tan sirenas nosotras<\/h1>\n<p><strong>Por Camila Sosa Villada<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ph. Guillermo Turin<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-1915 size-large\" src=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Guillermo-Turin-Bootello_Costanera_Parque-Espa\u00f1a_Camila-003-copia-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Guillermo-Turin-Bootello_Costanera_Parque-Espa\u00f1a_Camila-003-copia-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Guillermo-Turin-Bootello_Costanera_Parque-Espa\u00f1a_Camila-003-copia-300x200.jpg 300w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Guillermo-Turin-Bootello_Costanera_Parque-Espa\u00f1a_Camila-003-copia-768x512.jpg 768w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Guillermo-Turin-Bootello_Costanera_Parque-Espa\u00f1a_Camila-003-copia-391x260.jpg 391w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Guillermo-Turin-Bootello_Costanera_Parque-Espa\u00f1a_Camila-003-copia-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Guillermo-Turin-Bootello_Costanera_Parque-Espa\u00f1a_Camila-003-copia-2048x1366.jpg 2048w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Guillermo-Turin-Bootello_Costanera_Parque-Espa\u00f1a_Camila-003-copia-1080x720.jpg 1080w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>Cu\u00e1ntas horas de nada habr\u00e9 llorado por las burlas hechas sobre mis bigotes de india, lacios y tupidos como matas de oscuros ramos de novia, con suerte para quien lo agarra pero nunca para la novia, como tent\u00e1culos de hilo negro que robaban de las billeteras de los clientes los sueldos con que luego, tal vez, invitar\u00edan a sus novias a desayunar un caf\u00e9 con leche con dos medialunas, dos criollitos, manteca y dulce de leche y el detalle del jugo de naranja, que es el que le dar\u00eda la categor\u00eda de completo. Todos esos muchachotes que en el pueblo me gritaban \u201c\u00a1Hay caf\u00e9, hay caf\u00e9!\u00a1Hay cafeitarse!\u201d Cu\u00e1ntas veces odi\u00e9 la sombra de mi bozo frente al espejo de la pensi\u00f3n y me quit\u00e9 pelo por pelo los motivos de mi pena, con una pincita de depilar robada de alguna perfumer\u00eda, en un teatro veloz y sin espectadores. Cu\u00e1ntas agujas embebidas en alcohol para clavarlas bajo el pelo encarnado y obligarlo a salir para quitarlo de ra\u00edz. Cu\u00e1ntas noches me fui a dormir humillada por el veneno critic\u00f3n de alg\u00fan garr\u00f3n que se atrevi\u00f3 a decirme que ser\u00eda bonita si cuidara m\u00e1s de mi aspecto, si me pusiera un poquito de silicona en la frente, que era ancha y dura, y otro poquito en los labios. Y otro pocote en las tetas y mucho en el culo. Y que qu\u00e9 linda quedar\u00eda si me hiciera la electr\u00f3lisis, que era de las cosas m\u00e1s dolorosas del mundo, un sistema sat\u00e1nico que te mandaba una descarga el\u00e9ctrica a la ra\u00edz del pelo, de manera que te picaneaban toda la barba para que la muchachada quedara contenta y no se decepcionara al acariciarte las mejillas de papel de lija. Todas esas l\u00e1grimas que chup\u00f3 mi almohada porque mis bigotes eran mi fealdad y luego segu\u00eda la nariz de boxeador y los dientes chuecos de pobre y yo pensaba en todo el dinero que deb\u00eda reunir para mejorar un poco mi aspecto, que era apenas el monigote de una mujer. Toda la fortuna que deber\u00eda acopiar si alguna vez se me ocurr\u00eda querer ser bonita. Y una vez llorados todos estos pormenores, mis bigotes brotaban, se iban bajo las s\u00e1banas y me masturbaban con su tacto cosquilloso y si estaba boca abajo tambi\u00e9n me hac\u00edan masajes y si era invierno apuraban las colchas castigadas por las polillas y hac\u00edan un huequito bajo mi cabeza para que fuera m\u00e1s c\u00f3moda la posici\u00f3n. Y si los libros estaban lejos, ellos iban hasta los estantes de la biblioteca de chapa y me los tra\u00edan y giraban las p\u00e1ginas con delicadeza maricona. Y muchas veces secaron los r\u00edos salados que me brotaban de los ojos y nunca se quejaron de dolor cuando los afeit\u00e9 o los arranqu\u00e9 con cera caliente que me hac\u00eda saltar frente al espejo en una polka hirsuta que aliviaba el ardor.<\/p>\n<p>Luego, las exigencias televisivas me dijeron que no pod\u00eda andar tan bigotuda frente a las c\u00e1maras porque la gente no aguantaba que las travestis nos mostr\u00e1ramos como somos. Y comenc\u00e9 a invertir en esta apariencia como quien se mete a un plan para comprarse un coche usado, o una casita en una cooperativa o las vacaciones de su vida en una agencia de viajes. Y yo, que hab\u00eda fundado una inteligencia suspicaz en torno a mi fealdad cultural, de repente me vi yendo a una cl\u00ednica a que me quemaran los bigotes con l\u00e1ser, que es una t\u00e9cnica casi tan s\u00e1dica como la electr\u00f3lisis, pero mucho m\u00e1s veloz.<\/p>\n<p>Cuando dej\u00e9 la mu\u00f1equita travesti lista para ser amada por el celuloide, de repente<em> the thrill is gone<\/em> y me divorci\u00e9 de la actuaci\u00f3n y ya no me interes\u00f3 tanto el cine, ni la televisi\u00f3n y comenc\u00e9 a sospechar que hab\u00eda sido enga\u00f1ada. Tonta mu\u00f1equita travesti ingenua y pretenciosa. Mis buenos bigotes no volver\u00edan y yo, con la piel lisa como los bordes de la tarde, estar\u00eda sin compa\u00f1\u00eda y sin p\u00fablico hasta nuevo aviso. Te quedaste sin el pan y sin la torta. Y sin coraje. Y sin inocencia. Y sin astucias. En los cajones qued\u00f3 un manojo de lanas embravecido que alguna vez fue el esplendor de tu rabia.<\/p>\n<p>En el 2019 me invitaron a Rosario, para un evento cultural en el que habl\u00e1bamos sobre el amor y aprovech\u00e9 unas horitas libres que ten\u00eda y me fui sola a la Costanera, a mirar pasar el r\u00edo que siempre fue mi locura. Quien mira un r\u00edo pasar, posiblemente se ve a s\u00ed mismo transcurrir en la historia, m\u00e1s o menos manso, m\u00e1s o menos hondo y a veces tan cristalino o tan sucio. Ahora soy travesti como antes fui r\u00edo y posiblemente reencarnar\u00e9 en alg\u00fan salto de agua que descienda desde las Altas Cumbres a los pueblos de Traslasierra. Agua dulce, fr\u00eda, helada, y las ramas de los sauces como memoria de mis bigotes perdidos.<\/p>\n<p>A orillas del r\u00edo, a pasos del Centro Cultural Espa\u00f1a, pens\u00e9 en el origen de mis bigotes. Dicen las travestis de lengua m\u00e1s vieja, que en el r\u00edo de Rosario hay todo un cardumen de travestis sirenas, mitad viejas del agua, mitad travestis, que fueron haci\u00e9ndose con el adn que perd\u00edan las muertas arrojadas al agua para ocultar sus cad\u00e1veres. Las Viejas del Agua o loric\u00e1ridos, pa\u2019 que no crean ustedes que no abr\u00ed Wikipedia al escribir este puema, tienen una especie de ventosa en la boca que las asegura al fondo de las cosas y, adem\u00e1s, las alimenta. La misma ventosa que las travestis ten\u00edan en la punta de sus labios para libar el barroso pitul\u00edn de los clientes y amores (a esta altura todo se confunde, los l\u00edmites se vuelven porosos). Parece que estos peces, al pasar encima de los cuerpos de las asesinadas, tomaron no solo las algas que las cubr\u00edan sino tambi\u00e9n toda la informaci\u00f3n desoxirribonucl\u00e9ica de las travestis y lentamente fueron pareci\u00e9ndose a las muertas. Primero crecieron las pelucas, de pelo natural muy fino, mantenidas como nuevas por el agua dulce del r\u00edo, luego unas tetas elefantonas y unos rubores rosados en las mejillas, unos bigotes largos para cachetear giles y pesta\u00f1as postizas con las puntas duplicadas para mayor volumen y extensi\u00f3n. Pronto las Viejas del Agua tambi\u00e9n pudieron cantar (dicen que si Rosario hiciera silencio podr\u00eda escucharse su canto), cumbias santafesinas suavecitas e irresistibles. A medida que los a\u00f1os pasaban, las Viejas del Agua tuvieron una memoria muy parecida a la de las travestis y recordaron las persecuciones y matanzas, pero tambi\u00e9n las fiestas y el coraje y esa rabia que era como una fiebre buena que las pon\u00eda de pie. Y pronto tuvieron piernas, largas y musculosas piernas cubiertas por esa piel oleosa que brilla como la esperanza o las promesas,\u00a0 y ya las branquias se hicieron sutiles y se acercaron a la orilla y los bagres machos y pac\u00fas y dem\u00e1s peces sintieron celos, y se quedaron refunfu\u00f1ando en el r\u00edo, porque sin comerla ni beberla, las Viejas del Agua ahora pod\u00edan contar cuentos y cuando menos lo esperaron, salieron de noche a las playitas m\u00e1s cercanas a probar sus nuevas extremidades, las piernas para bailar, las manos para ara\u00f1ar y las bocas con ventosas para quedarse pegadas a la carne obrera y macha de los que se acercaron a tocar la novedad. Sirenas de agua dulce.<\/p>\n<p>Los bigotes de las Viejas del Agua quedaron prendidos al bozo de las sirenas y as\u00ed como espantaron moscas, enlazaron los cuellos de sus amores y los trajeron a sus pechos y bien pudieron cachetear, ahorcar, manipular navaja o llevar un collar de perlas hasta el altar de Iemanj\u00e1, que hicieron con las herrumbres encontradas en el fondo del r\u00edo. Y fuimos siendo menos peces y m\u00e1s humanas y eso nos caus\u00f3 mucha tristeza, pero as\u00ed eran las cosas y bien val\u00eda reconciliarse con los d\u00edas que no pueden repetirse para doblar por otra esquina, o decir que no en lugar de decir que s\u00ed. Y pronto nos enamoramos y olvidamos los amores de fango, pringosas en la mugre, casi ciegas y capaces de todo y ya terminamos temblorosas como si no hubi\u00e9ramos vivido nada. Andamos entre la gente, sin saber que venimos de esos peces de carne despreciada, que come barro en el fondo del r\u00edo. Nos inmiscuimos, metiches, inc\u00f3modas, en este cardumen sin agua que son los humanos. Tan humanos ellos. Tan sirenas nosotras.<\/p>\n<p>A lo lejos, sobre la superficie del r\u00edo, una sirena se asoma y agita su brazo dici\u00e9ndome que ah\u00ed est\u00e1, que es cierto esto que s\u00e9 desde siempre, somos el r\u00edo, hacia \u00e9l vamos, o hacia los mares, o a lo que sea agua, a lo que sepa hundirse, a lo rebelde, aquello que ninguna mano puede tomar. Se r\u00ede, con toda la boca mientras un bagre le pasa muy cerquita y le hace temblar esa piel de oro. Cuando quieras te pas\u00e1s a tomar unos mates, bien dulces, con facturas con crema y membrillo, muchas calor\u00edas, much\u00edsimas calor\u00edas en el r\u00edo de Rosario. Siempre lo han hecho as\u00ed, el amor de las travestis para decirte que est\u00e1s en casa, es con mucho hidrato de carbono, mucho triglic\u00e9rido. Mucho mate dulce, con una cucharadita de t\u00e9 de az\u00facar cada vez. En el r\u00edo, en la tierra, en Santiago del Estero, en Santa F\u00e9, en Salta, en Jujuy, siempre ha sido as\u00ed.<\/p>\n<p>Me vienen a buscar y la sirena desaparece tragada por las olas y un barco enorme eleva la tarde un pelda\u00f1o m\u00e1s. Le pido al guapet\u00f3n marica que haga silencio un segundo, a ver si escucho el canto de mis antiguas, y nada\u2026 gritos en alg\u00fan lugar que retumban en mi nostalgia.<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1>Sue\u00f1o del hotel sin nombre<\/h1>\n<p><strong>Por Beatriz Vignoli<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-1917 size-large\" src=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Vignoli-1024x542.png\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"542\" srcset=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Vignoli-1024x542.png 1024w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Vignoli-300x159.png 300w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Vignoli-768x407.png 768w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Vignoli-1080x572.png 1080w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Vignoli.png 1216w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p><em>A Vicky Lovell, que me inst\u00f3 a descifrar el enigma<\/em><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de la poes\u00eda sin los paseos? Pasear es salir al encuentro del mundo.<\/p>\n<p>Es contemplaci\u00f3n en movimiento, sensorial, f\u00edsico. Nuestras ciudades, al menos en el cambio de siglo XIX al XX, lo previeron. Era otro higienismo, solar, oxigenante; domingos ganados por los sindicatos anarcosocialistas para democratizar la <em>fl\u00e2nerie<\/em>.<\/p>\n<p>Fue por entonces, desde lo estatal, que el paisajista franc\u00e9s Carlos Thays dise\u00f1\u00f3 el Parque Independencia de Rosario y espacios verdes de Buenos Aires. Parques urbanos, \u00e1mbitos semin\u00f3mades de presencia cuyos senderos habilitan vistas panor\u00e1micas, cuyo paisaje alterna escenas y vac\u00edos, cuya amplitud aloja la experiencia del espacio en su m\u00e1s plena potencia de infinito. Todo eso nos aguarda, derrochando su luz.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado me sent\u00e9 a recordar un paseo.<\/p>\n<p>Fue un paseo que hice por Buenos Aires en el oto\u00f1o o invierno de 1987 con mi compa\u00f1ero de entonces, Fernando. All\u00ed compuse mentalmente un modesto poema imagista, \u201cAlmagro\u201d, quiz\u00e1 mi primer poema objetivista; all\u00ed comenz\u00f3 un proyecto de escritura que decant\u00f3 en un magro libro, <em>Almagro<\/em> (EMR, 2000; Nebliplateada, 2019).<\/p>\n<p>El texto no estuvo a la altura de la experiencia que obtuve del paseo: una experiencia de presencia pura, un instante que recuerdo como de absoluta claridad.<\/p>\n<p>La noche de este s\u00e1bado so\u00f1\u00e9 con el hotel sin nombre. En el sue\u00f1o formo parte de un contingente de turistas culturales (\u00bfescritores en un congreso?) que paramos en un hotel en Buenos Aires. Por fuera es muy suntuoso, un edificio imponente todo revestido de m\u00e1rmol rojizo. Lo veo como un prisma gigante, una gran caja rojiza. Adentro es laber\u00edntico y tiene distintos grados de lujo o miseria. Los sectores para los trabajadores son deprimentes. El resto es menos modesto pero no tan suntuoso como la fachada. Todo esto me demuestra que es un hotel y fue creado como tal. Se cuenta que antes perteneci\u00f3 a Bartolom\u00e9 Mitre y era una mansi\u00f3n. Nadie sabe decirme c\u00f3mo se llama el hotel ni si es realmente un hotel ni si lo fue siempre, ni d\u00f3nde queda, pese a que estamos ah\u00ed. Un hombre mayor me susurra que las mujeres se las ingenian para adivinar el nombre, \u00e9l no sabe c\u00f3mo. Supongo que busc\u00e1ndolo en el mapa aparecer\u00e1 el nombre. En el sue\u00f1o, lucho por armar un plano de Buenos Aires con pedazos de un mapa que romp\u00ed. Lamento haber tirado el otro d\u00eda los que guardaban mis padres. Al fin alguien ha conseguido localizar el hotel. Queda en Mitre al 3400 o Mitre al 1500. Me inclino por el 3400 ya que estamos en un barrio y al 1500 ser\u00eda zona centro. Sin embargo, se dice que hay dos copias, y la otra est\u00e1 en el centro, que nos es temporalmente inaccesible.<\/p>\n<p>Me despierto y anoto el sue\u00f1o en el tel\u00e9fono para compartirlo en mi grupo de so\u00f1antes. Hay una forma de trabajar con los sue\u00f1os que no consiste en la interpretaci\u00f3n sino en la acci\u00f3n. As\u00ed que me siento el lunes ante mi computadora y contin\u00fao la acci\u00f3n que intent\u00e9 en el sue\u00f1o. Abro Google Maps y encuentro que en Buenos Aires, Avenida Bartolom\u00e9 Mitre 3410 es la direcci\u00f3n del hotel Aires Express. Queda en el Once: una mole roja de ladrillo en la esquina de S\u00e1nchez de Loria y Bartolom\u00e9 Mitre. Existen sus 50 habitaciones en 7 pisos, no encuentro desde cu\u00e1ndo. A muy pocas cuadras de ah\u00ed, en Almagro, est\u00e1 el punto de partida del paseo. Fue el departamento de Fernando, un contrafrente en PH sin luz solar, donde viv\u00ed (siempre como hu\u00e9sped) en per\u00edodos de pocos d\u00edas, espaciados varios a\u00f1os entre s\u00ed. Fue una relaci\u00f3n extensa. No me animo a hurgar entre sus cartas, que tengo bastante a mano en el placard, pero con la ayuda de mi memoria y Google Maps encuentro que quiz\u00e1s en Don Bosco al 3400 estaba el lugar de donde partimos. Me \u201csuenan\u201d varias im\u00e1genes de frentes que muestra la foto en \u201c3469 Don Bosco CABA\u201d. O puede que est\u00e9 en una de esas pocas cuadras, las pocas que mide esa calle seg\u00fan indica el mapa. Me impresiona la desolada foto, que ha de ser bastante actual. Anda un muchacho corpulento a cara descubierta que mira nervioso a su alrededor, como si fuera consciente de la presencia de la c\u00e1mara. El ingreso al edificio lo tuve muy presente todos estos a\u00f1os, en los que record\u00e9 aquellos azulejos cer\u00e1micos de esmalte caramelo enmarcando un mural cer\u00e1mico a lo Paul Klee, y la sensaci\u00f3n de salir de golpe al sol blanco intenso que resplandec\u00eda entre los pl\u00e1tanos de Almagro.<\/p>\n<p>Si quedaba entre Liniers y S\u00e1nchez de Loria, pudimos haber salido despu\u00e9s de un almuerzo tard\u00edo y trasnochado, a la deriva, al sol de las primeras horas de la tarde; y debemos haber caminado hacia el norte Fernando y yo, por S\u00e1nchez de Loria hasta Avenida Rivadavia, cruzado la avenida y luego andado una cuadra m\u00e1s hacia el norte. Recuerdo que en el sue\u00f1o se hablaba de que el hotel quedaba \u201cm\u00e1s all\u00e1 de la avenida\u201d. En efecto, antes de doblar por Bartolom\u00e9 Mitre lo primero que habremos visto es la mole del hotel, si es que ya exist\u00eda entonces (de todos modos en los sue\u00f1os suelen superponerse capas de tiempo). Despu\u00e9s es posible que hayamos caminado hacia el oeste hasta el paisaje ferroviario, porque las v\u00edas de tren ejercen una atracci\u00f3n magn\u00e9tica sobre los paseantes que merodean en derivas urbanas por las ciudades.<\/p>\n<p>Era domingo, creo recordar. O lo parec\u00eda. O merece haberlo sido. No recuerdo si nos detuvimos en el puente, o si contempl\u00e9 al pasar la luz del sol que resplandec\u00eda en todo su fulgor sobre una pared blanca al otro lado de las v\u00edas. S\u00e9 que tuve al verla una sensaci\u00f3n de antig\u00fcedad sin fondo, de un tiempo sin l\u00edmites, de haber existido desde siempre sin comienzo. La foto que se abre en Google Maps bajo la direcci\u00f3n \u201c3911 Bartolom\u00e9 Mitre, CABA\u201d muestra el espacio donde estoy casi segura de que vi esa pared \u00e1spera, encalada aunque no lo diga en el texto. La pared sigue ah\u00ed; podr\u00eda ser la \u00faltima en la foto de izquierda a derecha que tiene un arco de medio punto. Se la ve sin repintar, entre dos edificios, con una pintada de grafitero que dice en letras azules: MORS. \u201cPuente de hierro\u201d llam\u00e9 en el poema a los paneles de fierro atornillados que se ven en la foto, cubiertos entonces por capas y m\u00e1s capas de afiches (electorales, tres a\u00f1os despu\u00e9s de las presidenciales de 1984). Una se\u00f1ora mayor de vestimenta humilde los arrancaba a jirones y los iba juntando en una bolsa de nylon, quiz\u00e1s para vender el papel por peso y as\u00ed compensar la hiperinflaci\u00f3n rampante y poder comer algo, aunque no pens\u00e9 en nada de eso. Mi juvenil man\u00eda <em>haiku<\/em> de apuntar la estaci\u00f3n del a\u00f1o mediante un detalle de la naturaleza (\u201clas hojas que arden\u201d, es decir: una fogata) me ayuda a situar temporalmente la experiencia: oto\u00f1o, o vacaciones de invierno. Pero el lugar exacto de la visi\u00f3n se encuentra al norte de la avenida Rivadavia, de modo que no queda en el barrio de Almagro sino en el de Palermo, o m\u00e1s bien en alg\u00fan punto incierto entre Palermo y Villa Crespo; con lo cual, si el poema y el libro pretend\u00edan hacer documentalismo po\u00e9tico, he aqu\u00ed un error no muy catastr\u00f3fico, pero s\u00ed catastral.<\/p>\n<p>Pienso que aquel fue un libro de derivas situacionistas, de paisajes hallados como pura presencia al perderme en las ciudades. Es lo que m\u00e1s extra\u00f1amos tantos en este exilio interno domiciliario donde reconstruimos (con una precisi\u00f3n que no nos import\u00f3 entonces, cuando toda la calle estaba disponible, al menos para quien tuviera el vigor y la movilidad de andarla \u201ca pata \u2018e perro\u201d) la cartograf\u00eda del explorador\/fl\u00e2neur en nuestra mente, con la ayuda de una novedosa interfase entre dos o tres virtualidades: sue\u00f1os, Google Maps y memoria. Son viajes astrales como los que haremos cuando ya no tengamos cuerpo con el que seguir andando cuando se pueda salir de nuevo a merodear, a vagabundear, a pataperrear; merodear, merodear, esa furtiva palabra.<\/p>\n<div id=\":rr\" class=\"hq gt\"><\/div>\n<h1><\/h1>\n<div>\n<h1>Bar Pasaporte \u2013 Maip\u00fa y Urquiza<\/h1>\n<p><strong>Por Elvio E. Gandolfo<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ph. Alberto Gentilcore y CCPE<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-1916 size-full\" src=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Pasaprte_Ph.-Alberto-Gentilcore-y-CCPE_Elvio.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"879\" srcset=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Pasaprte_Ph.-Alberto-Gentilcore-y-CCPE_Elvio.jpg 660w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Pasaprte_Ph.-Alberto-Gentilcore-y-CCPE_Elvio-225x300.jpg 225w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Pasaprte_Ph.-Alberto-Gentilcore-y-CCPE_Elvio-300x400.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/p>\n<p>Me acuerdo con bastante claridad de distintos bares de Rosario, desde hace muchos a\u00f1os. En especial de un bar Savoy intermedio, posterior a uno\u00a0 legendario, y anterior al actual, reabierto despu\u00e9s de un largo cierre. Ah\u00ed nos junt\u00e1bamos con los de la revista <em>el lagrimal trifurca<\/em>, o con los <em>la cachimba<\/em> (Isa\u00edas, Colucci, Pidello) para largas charlas o discusiones. Tambi\u00e9n, mucho despu\u00e9s, del bar El C\u00edrculo, con mesas con buena distancia entre s\u00ed, en una esquina visualmente poderosa cuando uno miraba desde el interior. O del Ode\u00f3n, en Mitre y Santa Fe, hoy desaparecido. O de distintos bares cercanos al diario La Capital, donde sol\u00edamos juntarnos con V\u00edctor Sabato, o con Osvaldo Aguirre, mucho despu\u00e9s. O un bar del parque Independencia donde acostumbrabamos juntarnos con alguno de mis hermanos. Etc\u00e9tera. Etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Me acuerdo tambi\u00e9n muy bien del bar Pasaporte. En especial por su ubicaci\u00f3n peculiar dentro del mapa de la ciudad. En general Rosario es plana como una mesa, y tiene el trazado en red rectangular de casi todas las ciudades de origen entre espa\u00f1ol y tano (lo interesante de Alberdi es c\u00f3mo las v\u00edas cortan esos paralelismos, y se relaciona m\u00e1s hondamente con el r\u00edo). La calle Maip\u00fa es as\u00ed: recta, paralela a San Mart\u00edn. Pero cuando pasa de San Lorenzo ya est\u00e1 demasiado cerca de su final y del r\u00edo, y no le queda otra que caerse en una inclinaci\u00f3n pronunciada, hasta llegar a su final, al dar con Urquiza. Hay que bajarla clavando un poco los talones. Al llegar a la esquina, antes de cruzar, est\u00e1 Pasaporte. As\u00ed se llama, supongo, porque en \u00e1ngulo est\u00e1 el edificio de la Aduana (o ex aduana).<\/p>\n<p>A diferencia de los otros bares, en mi caso \u00e9se tiene un periodo n\u00edtido de frecuentaci\u00f3n. Un poco antes del Congreso de la Lengua nos hab\u00edamos hecho amigos con Fernando Toloza, que coordinaba una revista para el Parque de Espa\u00f1a, y trabajaba desde hac\u00eda a\u00f1os en La Capital, donde era amigo de otro amigo, Osvaldo Aguirre.<\/p>\n<p>Aunque nos conoc\u00edamos desde mucho antes, cuando visit\u00e9 la cercana librer\u00eda El hijo pr\u00f3digo (en la calle Urquiza cuando empieza a caerse, como Maip\u00fa, hacia el r\u00edo), de Armando Vittes, con quien demor\u00e9 mucho m\u00e1s en ser amigo: siempre estaba Toloza, no \u00e9l. Recuerdo charlas perezosas en ese local gigantesco (con un Toloza \u00eddem), y que una vez le compr\u00e9 a mi hija Laura un libro de psicolog\u00eda lacaniana del escritor argentino Oscar Massotta, editado en Espa\u00f1a, adonde se hab\u00eda ido. Bastante despu\u00e9s empec\u00e9 a visitar la ciudad mensualmente, para ver a mi padre, que hab\u00eda empezado con una enfermedad de Alzheimer que dur\u00f3 varios a\u00f1os, hasta el 2008, en que falleci\u00f3.<\/p>\n<p>Un d\u00eda me enter\u00e9 de que Toloza viv\u00eda en Laprida, cerca de esa zona de descompensaci\u00f3n del territorio liso de la ciudad de Rosario, trepada a la barranca, y que en muchos de sus bordes de pronto se cae en picada hacia el r\u00edo. As\u00ed que me cit\u00f3 en ese bar que yo desconoc\u00eda. En cuanto entr\u00e9 me sent\u00ed c\u00f3modo. La posici\u00f3n de las mesas y las sillas, el ir y venir de lo que creo recordar como mozas. Sobre un mostrador, un tel\u00e9fono p\u00fablico de esos que funcionaban con monedas, un poco bloqueado por alguna silla u objetos varios. En especial un ritmo bastante tranquilo (al menos el d\u00eda y la hora en que empezamos a ir y seguimos yendo). Yo viajaba desde Buenos Aires, digamos, un jueves o un viernes. Ve\u00eda a mi padre en el geri\u00e1trico donde se encontraba internado, y sab\u00eda que el domingo a media ma\u00f1ana (creo, dijo la memoria) me ve\u00eda con Toloza all\u00ed y nos pas\u00e1bamos horas hablando de literatura, de opiniones (o chismes) sobre diversos conocidos, y del simple tiempo que pasa. Creo que a \u00e9l le pasaba algo parecido. Escrib\u00eda poemas desde siempre y ahora los estaba recopilando en un libro. Era bueno entrevistando (tarea que hac\u00eda con frecuencia en la revista del Parque Espa\u00f1a) (tambi\u00e9n en La Capital, pero ah\u00ed lo segu\u00eda menos). Todo ese periodo de acumulaci\u00f3n violenta de hechos ha sido compartimentada de cualquier manera por la memoria. Hecho seguro: fui a ese bar mientras estuvo vivo Fernando Toloza. Necesit\u00e9 rastrear un poco de fechas para comprobar que en realidad fue un periodo corto.<\/p>\n<p>Porque pasa algo. Esa zona es una de las m\u00e1s agradables de Rosario, o lo era al menos hasta, digamos, el a\u00f1o 2005. Si en otras zonas uno puede ser aplastado por los edificios o las calles estrechas para tanto tr\u00e1fico, all\u00ed tanto Urquiza (contra la que ya muri\u00f3 Maipu) como San Mart\u00edn, como la cortada Sargento Cabral se tuercen un poco, casi desean ser circulares y arman en conjunto un gran espacio despejado de pavimento o hasta adoquines, con grandes edificios (el ex edificio de la Aduana, por ejemplo, que para m\u00ed era el edificio de la Aduana a secas), y terminan cruzando o desembocando en ese gran espacio, cuyo punto de l\u00edmite es la avenida Belgrano, que sube hacia el Parque de Espa\u00f1a por unas cuadras, y que tiene generalmente vegetaci\u00f3n y un poco menos de acumulaci\u00f3n cruda de tr\u00e1fico, porque es ya el borde de la ciudad antes de caerse al r\u00edo. Hay incluso una Plaza de las Utop\u00edas (acabo de verlo en Google).<\/p>\n<p>En la memoria fue un periodo bastante largo. Pero cuando veo las fechas inamovibles, no puede haber durado m\u00e1s de un a\u00f1o y pico. Es lo que pasa siempre con el placer. Esos periodos largu\u00edsimos en que vimos a una mujer que recordamos mucho fueron en realidad tres fines de semana y un fin de semana largo. Esas charlas largu\u00edsimas en que nos relaj\u00e1bamos con Toloza como en un spa, fascinados por argumentar, o cag\u00e1ndonos de risa, no pueden haber durado m\u00e1s de un par de horas. Como la casa estaba tan cerca, a veces ven\u00eda la mujer, acompa\u00f1ada de alg\u00fan chico, y me saludaban. Despu\u00e9s de todo, tanto Toloza como yo com\u00edamos, almorz\u00e1bamos, nos gustaban nuestras familias, y yo sol\u00eda volver a Buenos Aires a media tarde o al atardecer.<\/p>\n<p>Pero mir\u00e9 las fechas y el Congreso de la Lengua, a partir del cual, un poco antes, nos hicimos amigos con Fernando, luego de una entrevista para Lucera (as\u00ed se llamaba la revista del Parque de Espa\u00f1a): fue en el 2004. En realidad la enfermedad de mi padre reci\u00e9n o hac\u00eda poco hab\u00eda comenzado, creo. Y a fines de 2005, mientras viajaban en auto a Buenos Aires para el entierro de una peque\u00f1a sobrina que hab\u00eda fallecido, un accidente de tr\u00e1nsito tremendo en la autopista mat\u00f3, a las cuatro de la ma\u00f1ana, tanto a Fernando como a una pareja de cu\u00f1ados que ven\u00edan en el asiento de atr\u00e1s. n cami\u00f3n choc\u00f3 desde atr\u00e1s al auto y lo hizo pedazos.<\/p>\n<p>Para la ciudad fue un shock tremendo, con un entierro multitudinario com\u00fan. Sobrevivi\u00f3, con el estilo tangencial de la realidad, la mujer de Fernando, madre de sus hijos. Estoy seguro de que si ese accidente no hubiera sucedido, las notas de \u00e9l en La Capital nunca se habr\u00edan recopilado, como s\u00ed se hizo en un grueso volumen (<em>Imaginarios comunes<\/em>), y tal vez hubiera demorado m\u00e1s en darse a conocer el libro de poemas, <em>Fuera de temporada<\/em>. Los tengo los dos en mi biblioteca. El de poemas me gust\u00f3. El largo no lo he le\u00eddo entero.<\/p>\n<p>Ac\u00e1 corresponde una aclaraci\u00f3n. Esa zona del bar <em>Pasaporte<\/em>, justamente afloja y alimenta porque est\u00e1 fuera de los recorridos m\u00e1s comunes. Desde aquellos a\u00f1os solo he pasado un par de veces en taxi, hacia otros lugares. Como en un cuento de Cort\u00e1zar, sue\u00f1o, casi veo que un d\u00eda bajo clavando los talones por Maip\u00fa. O logro que un amigo me lleve en auto hasta ah\u00ed. Me bajo, abro la puerta, me fijo y el tel\u00e9fono ya no est\u00e1 sobre el mostrador. Aunque la atm\u00f3sfera (posibilidad uno) igual subsiste. O si no ha desaparecido, sobre todo despu\u00e9s del \u00faltimo per\u00edodo pand\u00e9mico, que por ahora solo permite mostrar algunas mesas en la vereda o el interior vac\u00edo. Solo una vez nos sentamos afuera con Fernando. Prefer\u00edamos el interior, tal vez porque sin darnos cuenta nos sent\u00edamos a salvo, protegidos, ri\u00e9ndonos y charlando hasta por los codos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1>Cancha de Newell\u2019s Old Boy. Parque Independencia<\/h1>\n<p><strong>Por Elvio E. Gandolfo<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-1914 size-large\" src=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Alberto-Gentilcore_ESTADIO-COLOSO_Elvio-1024x680.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"680\" srcset=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Alberto-Gentilcore_ESTADIO-COLOSO_Elvio-1024x680.jpg 1024w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Alberto-Gentilcore_ESTADIO-COLOSO_Elvio-300x199.jpg 300w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Alberto-Gentilcore_ESTADIO-COLOSO_Elvio-768x510.jpg 768w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Alberto-Gentilcore_ESTADIO-COLOSO_Elvio-391x260.jpg 391w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Alberto-Gentilcore_ESTADIO-COLOSO_Elvio-1536x1020.jpg 1536w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Alberto-Gentilcore_ESTADIO-COLOSO_Elvio-1080x717.jpg 1080w, https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/baja_Alberto-Gentilcore_ESTADIO-COLOSO_Elvio.jpg 2000w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>No soy futbolero para nada, pero s\u00ed totalmente leproso, o hincha de \u00d1\u00fabel (argentinizaci\u00f3n c\u00f3moda del nombre), desde siempre. All\u00ed acat\u00e9 la ley familiar: mis padres, hermanos y hermanas eran todos de \u00d1\u00fabel. Del ala Bielsa, podr\u00edamos decir, y no solo por el f\u00fatbol. Por dar un ejemplo: mi hermano Sergio le dise\u00f1\u00f3 varios libros de poes\u00eda a Rafael, hermano de Marcelo, el arquitecto del cuadro, y despu\u00e9s de varios otros cuadros del mundo, m\u00e1s conocido como \u201cel loco Bielsa\u201d.<\/p>\n<p>Cuando vi las fotos de la cancha vac\u00eda, pelada, me acord\u00e9 de que fui muy pocas veces (al igual que a cualquier otra cancha). Record\u00e9 tambi\u00e9n que en un momento mi padre y hermanos fueron a ver un partido, hubo tuco pesado de violencia. A partir de all\u00ed \u00e9l ve\u00eda los partidos del cuadro por televisi\u00f3n, y asist\u00eda en \u00f3mnibus a partidos menos riesgosos para su edad.<\/p>\n<p>Pero sobre todo recuerdo que un d\u00eda fuimos con mi hermano Carlos a la platea Este, que se hab\u00eda agregado no hac\u00eda mucho, y desde cuya altura m\u00e1xima pod\u00eda verse gran parte del Parque Independencia, y algunos edificios del r\u00edo, muy a lo lejos. Todo el camino hasta arriba mi hermano lo hizo apoyado en m\u00ed, porque desde joven una operaci\u00f3n de las rodillas le hab\u00eda dejado las piernas un poco r\u00edgidas. El peso del recuerdo fue aumentado por la foto que nos sacamos ese d\u00eda, mirando directa y seriamente a la c\u00e1mara, con algo de mafiosos circulando por un espacio de diversi\u00f3n. Por motivos no futbol\u00edsticos (el puro gusto) yo sol\u00eda combinar a menudo el rojo (en una remera, o una bufanda, por ejemplo) con el negro (el pantal\u00f3n, el saco, el abrigo).<\/p>\n<p>Buscar esa foto antigua, pre-digital, me llevar\u00eda horas, aun con el tiempo extendido de la pandemia. No s\u00e9 en qu\u00e9 caja o caj\u00f3n estar\u00e1. Era un partido de final de campeonato, donde al cuadro le hab\u00eda ido muy bien: aunque faltaban un par de partidos, ya se sab\u00eda que sal\u00eda campe\u00f3n, creo. Porque, como no-futbolero, no recuerdo el a\u00f1o, ni la formaci\u00f3n del cuadro, ni las formaciones anteriores en el tiempo. Con la sana imprecisi\u00f3n y equivocaciones de la memoria, cuando veo ahora esta foto de la cancha vac\u00eda, con el c\u00e9sped verde en primer plano, y atr\u00e1s la popular Sur agrandada (y tambi\u00e9n vac\u00eda), o la otra, de la platea sin ni siquiera un pajarito o un gato para darle un poco de vida, recuerdo que ese d\u00eda, en esa cancha, con ese sol, la pas\u00e9 b\u00e1rbaro.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, aparte, hubo una sensaci\u00f3n adicional que me qued\u00f3 para siempre. Mirar desde la cima, viendo los cientos de \u00e1rboles del parque, alg\u00fan pedazo de calle, alg\u00fan veh\u00edculo peque\u00f1o, como de juguete. Me sent\u00eda, claramente y para siempre en la cabeza, en la mente, el capo del reino, el rey de la colina.<\/p>\n<p>Si me voy para atr\u00e1s, a la vez, revivo lo que fue siempre ser de \u00d1\u00fabel. El orgullo del buen f\u00fatbol, el placer de los colores tan justos, tan exactos. La paciencia y hasta el dolor, como una serie de partidos de invierno en que al cuadro le fue como el culo durante meses. Yo ya era, digamos, mayor y viv\u00eda en otra ciudad, en Buenos Aires. Durante todos esos meses de sufrimiento, puteadas y repetidas veces el silencio incr\u00e9dulo de la derrota, una y otra vez, estaba viviendo en la casa de mi hermano Sergio, en Palermo.<\/p>\n<p>No me pidan la fecha exacta. Se trataba de f\u00fatbol, que para m\u00ed era como decir que se trataba de las justas de caballeros del rey Arturo. Algo lejano y disfrutable cuando pod\u00eda verlo. Sergio, en cambio, futbolero a muerte (como Mario, mi hermano m\u00e1s menor), renegaba, renegaba, puteaba y al final se mufaba.<\/p>\n<p>Recuerdo que con total caballerosidad en el bar de C\u00f3rdoba y Serrano, al que sol\u00edamos ir con frecuencia, nos habilitaban el televisor para ver los partidos. Y que acompa\u00f1aban el proceso de ca\u00edda en picada lenta en silencio, salvo alg\u00fan recatado chiste en voz baja. O en todo caso la frase:<\/p>\n<p>-Bueno, otra vez no se dio, qu\u00e9 le vamos a hacer- sin mayor drama de fondo.<\/p>\n<p>Sospecho que para ellos, aunque futboleros seguramente hinchas de otros cuadros (el encargado, un par de mozos de fierro), ver un partido de \u00d1\u00fabel y sobre todo asistir al espect\u00e1culo repetido de dos hinchas de ese cuadro bajone\u00e1ndose progresivamente a lo largo de dos tiempos y un entretiempo, deb\u00eda ser tan inextricable como ver a dos turistas rumanos discutiendo sobre la re\u00f1ida zona de Transilvania en los C\u00e1rpatos. Con la diferencia de que eso lo habr\u00edan presenciado una sola vez. Mientras que Sergio y yo aparec\u00edamos, nos instal\u00e1bamos en una mesa doble, mirando la pantalla. Y el espect\u00e1culo doble comenzaba, para nosotros y para ellos.<\/p>\n<p>Otro dato adicional que acabo de recordar era que mi madre y mis dos hermanas tampoco eran exactamente futboleras, como yo. Y que sin embargo, como yo, tambi\u00e9n sent\u00edan que ser leprosas era una forma de encontrar, en la m\u00edstica, en la \u00e9tica, en la levedad magistral del juego que la lepra jugadora aprend\u00eda ya desde unas divisiones juveniles inagotables, un lugar en el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Beatriz Vignoli, Camila Sosa Villada y Elvio Gandolfo revisitan algunos sitios emblem\u00e1ticos de la ciudad a la distancia, escribiendo a partir de los recuerdos que dispara una imagen.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":1930,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","tags":[],"mec_category":[20],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.5 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Textos-ecos de Rosario - Centro Cultural Parque de Espa\u00f1a\/AECID<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/ccpe.org.ar\/web\/actividades\/filba-rosario-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Textos-ecos de Rosario - 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