#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 28

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario
Capítulo 28. Encuentro regional, transfeminista y plurinacional
El Encuentro Nacional de Mujeres se celebra en Argentina desde 1986. Cada año desde entonces miles de mujeres y disidencias sexuales de todo el país se reúnen durante tres días, normalmente un fin de semana largo de octubre en alguna ciudad argentina para manifestarse, participar de talleres, formarse, compartir lazos de sororidad con compañeras de todo el país y debatir sobre feminismo en las calles. Se trata del encuentro de mujeres más grande y antiguo de todo el mundo.
Los Encuentros se caracterizan por ser “autónomos, auto-convocados, democráticos, pluralistas, autogestionados, federales y horizontales”, y en cada uno de ellos se van incorporando las problemáticas y los ejes de discusión que surgen de acuerdo a las necesidades y el devenir del propio movimiento. Por ejemplo, fue en el contexto de uno de esos encuentros que surgió la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro, Legal y Gratuito.
En el cierre de cada encuentro, se propone la sede en la que se celebrará el siguiente. El último que tuvo lugar en Rosario se celebró en 2016 y congregó a más de 70.000 mujeres y disidencias sexuales de todo el país y otras naciones del mundo. La multitud ocupaba unas 40 cuadras de largo y marchó por el centro de Rosario al grito de “ni una menos, vivas nos queremos”, «aborto legal, en el hospital», “paren de matarnos” y “basta de travesticidios”. Quienes lo vivieron cuentan que fue una movilización sin precedentes en la ciudad. Las mujeres que participan de ellos afirman que se sale de ellos transformadas.
Los Encuentros brillan por su buena organización. Para organizar un evento de tal dimensión, antes de su celebración se hacen reuniones entre las comisiones organizadoras de los encuentros anteriores para transmitir el conocimiento de gestión y del saber-hacer.
El año pasado, el 34° ENM se llevó a cabo en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, y fue el más multitudinario de la historia, logrando congregar a más de 200.000 personas.
En el acto de cierre se propuso algo que se venía debatiendo en anteriores encuentros: el cambio en la denominación del evento para renombrarlo como “Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Transexuales, Travestis, Bisexuales y No Binaries”, a fin de reconocer el carácter plurinacional del encuentro e incluir a las disidencias sexuales que también son víctimas de las estructuras patriarcales.
Este año, la edición 35º iba a tener lugar en la ciudad de San Luis, pero como tantos otros eventos tuvo que posponerse por la pandemia. Sin embargo, a nivel local se convocaron actividades en diferentes puntos del país, guardando las medidas de distanciamientos y los cuidados requeridos en este contexto. En Rosario se planteó una asamblea abierta en la que participaron personas autoconvocadas y varias integrantes de la comisión antipatriarcal de la Multisectorial por los Humedales para organizar un evento más acotado, con el nombre de “Encuentro regional, transfeminista y plurinacional”.
La verdad sentía mucha curiosidad estos Encuentros de Mujeres. Haber vivido la manifestación del 8 de marzo en Rosario había sido realmente muy emocionante. Me da la sensación de que, a este lado del mundo, las protestas, las marchas y las manifestaciones cobran una potencia particular, y se convierten en expresiones en las que el cariz reivindicativo y el tono de celebración se combinan con un resultado realmente transformador.
Así que, cuando nos enteramos de la convocatoria del pasado domingo, Virginia y yo decidimos participar. El punto de encuentro era el puente Rosario – Victoria donde cada fin de semana se vienen repitiendo las protestas en contra del ecocidio que asola los humedales del Paraná.
Desde el puente unas 250 mujeres y disidencias marchamos durante aproximadamente dos kilómetros hasta llegar al cruce de la autopista que une Rosario con la ciudad de Santa Fe, punto donde se celebraría la edición de este encuentro minoritario a nivel local. Durante la marcha procuramos mantener el distanciamiento social tratando a la vez de no dispersarnos para mantener a la grupa compacta. Una batucada acompañaba los cánticos que pedían aborto legal, seguro y gratuito, al tiempo que gritaban no a los femicidios y a la violencia patriarcal y exigían la protección del medio ambiente.
Había pañuelos verdes y violetas por todas partes, y las consignas feministas se unían a las pancartas que abogaban por la protección de los humedales. Las encargadas de la seguridad, vestidas con chalecos fluorescentes se distribuyeron en distintos puntos de la marcha, comunicadas entre ellas con walkie talkies para garantizar el avance por la autopista de forma segura. Las que estaban en la cabecera, agitaban a la muchedumbre con un altavoz, manteniendo el tono festivo del encuentro y el ánimo en alto. A nuestro lado marchaba una perrita ataviada con un pañuelo verde al cuello que procuraba no perder el paso de la bicicleta de su dueña. Dos autos cargados con agua, comida, botiquín y medios técnicos cerraban la comitiva. Cada vez que llegábamos a un cruce o desviación, unas cuantas bicicletas se interponían cortando la vía a los autos y motocicletas para proteger a las manifestantes.
Cuando llegamos al cruce con la autopista de Santa Fe, nos guarecimos del sol bajo un puente y mientras almorzábamos escuchamos la retransmisión de “la asamblea de mujeres del Abya Yala”, enmarcada en las actividades que se estaban celebrando de manera virtual desde diferentes puntos del país. Las responsables de la organización montaron un escenario improvisado con unos parlantes, una mesa con una computadora con conexión, y un micrófono para retransmitir el encuentro telemático y poder ir informando de las diferentes actividades.
A continuación, arrancaron algunos talleres. Había un espacio de infancias para hacer actividades con les niñes que habían acudido acompañando a sus madres. También se montó una mesa de ecofeminismo donde se exponían distintos libros y materiales de consulta, e incluso participamos de un taller de twerk y danza africana en el que dos bailarinas nos enseñaron una suerte de coreografía imposible para la rigidez de mis caderas.
Al Encuentro, acudieron también varias mujeres artesanas, referentes de las comunidades qom y mapuche de la ciudad. Entre ellas estaba Ruperta Pérez, una muy buena amiga de Virginia. Cuando ambas se reconocieron bajo los barbijos se llevaron las manos a la cabeza emocionadas por el reencuentro. Virginia nos presentó y Ruperta me saludó con un gesto afectuoso. Me contó que participa en distintas actividades que tienen que ver con políticas públicas hacia la comunidad indígena y que es militante por la defensa de los derechos de las comunidades. A su vez pertenece al MIAI, movimiento nacional de mujeres indígenas y trabaja en el Centro Cultural El Obrador de la zona Oeste.
El momento más emocionante del Encuentro llegó con el taller de descolonización, en el que Ruperta y sus compañeras tomaron la palabra. De repente, toda la algarabía que bullía en el encuentro cesó para escuchar atentamente a las dos mujeres. Se presentaron en sus respectivas lenguas, qomlaqtaq y mapudungún, y en el marco del día 11 de octubre, último día de libertad de los pueblos indígenas, dieron una lección hablando de la importancia del diálogo entre las diferentes comunidades. Reivindicaron su memoria, el conocimiento ancestral de sus saberes, tradiciones y lenguas, y su derecho a compartirlo y a preservarlo a sabiendas de que el sistema capitalista neocolonial sigue hoy tratando de expoliar sus legítimos derechos y territorios. Hablaron también de la urgencia de proteger los ecosistemas. Pues atentar contra la tierra en una manera de atentar contra quienes formamos parte de ella.
Tras sus intervenciones, también tomaron la palabra unas mujeres de la comunidad negra de Rosario e integrantes de diversas organizaciones de disidencias sexuales y personas autoconvocadas que participaron leyendo manifiestos y creaciones literarias.
El Encuentro se cerró con una suerte de ritual en el que las participantes entonaron un canto que se fue contagiando a toda la grupa y terminó con una danza al son de los tambores de la batucada. Antes de marchar de vuelta al puente, y como no podía ser de otra manera, se hizo un gran pañuelazo verde en el medio de la autopista.
A la vuelta, la comitiva vibraba y era una fiesta de tambores, ritmos y cánticos, más liberada y desinhibida que al comienzo del acto. Terminamos coreando el nunca tan oportuno “Qué momento, qué momento, a pesar de todo, les hicimos el Encuentro”.
*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.