#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 31

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.
Capítulo 31. Mal de Archivo
Una de las primeras cosas que busqué en el barrio al instalarme fue una librería. Martina me mandó un listado con unas ocho referencias repartidas por toda la ciudad, entre las que se encontraban Oliva Libros, El juguete Rabioso o Paradoxa. Cuando me dediqué a googlearlas comprobé que Mal de Archivo quedaba bastante cerca de mi casa y al comenzar a seguirla en redes descubrí que además organizaban allí clubes de lectura con temáticas filosóficas, talleres de pop-up y muchas actividades dedicadas a las infancias.
La librería, emplazada en Moreno al 400, está alojada en un edificio antiguo, de muros luminosos con una gran cristalera que permite a la vez ver desde la calle el fondo de la librería, e inundar su interior de luz. El local se divide en dos espacios conectados. Nada más entrar se encuentra la cafetería Post Café, con unas mesitas perfectas para sentarse a tomar una infusión y probar alguno de sus deliciosos dulces caseros. A su izquierda está la librería, cuyos muros están cubiertos por estanterías blancas que llegan hasta el techo, repletas de libros divididos en secciones por géneros. En el medio de la librería hay una gran mesa alargada donde se exponen las novedades de la temporada. Además de los libros nuevos, también ofrecen libros usados, libros antiguos y de colección.
La primera vez que visité la librería, cuando aún nada había cerrado por la pandemia, fui a echar un vistazo y a pedir recomendaciones de escritoras argentinas jóvenes. Tenía avidez por conocer obras publicadas por editoriales argentinas más pequeñas que nunca llegan a España.
Aquel día me atendió Carolina y gracias a su recomendación, me llevé Furia Diamante de Valeria Tentoni, un libro de cuentos bastante oscuros, magistralmente escritos, que me fascinaron. Todavía tengo en la memoria la imagen de una de las protagonistas de los relatos, incapaz de reaccionar al verse acechada por una manada de babosas que cada noche aumentaba en número en la oscuridad de su cuarto. Desde aquella lectura me dejé llevar por sus recomendaciones y me acerqué a auténticos descubrimientos como El entrenamiento de la mente, de Irina Garbatzsky o Poco Frecuente de Ana Montes.
Recuerdo que mi primera salida tras el confinamiento estricto fue a la cafetería de Mal de Archivo, donde quedé con Giulia para tomar un café. Mientras ella llegaba, me dediqué a husmear la sección de libros infantiles. Tenía que regalarle algo a Berta, la hija de Bárbara y entre los estantes encontré auténticas preciosidades: hermosas ediciones de cuentos ilustrados para peques y varios libros que proponían ejercicios de dibujo para complementar la lectura de los cuentos. Finalmente, me decidí por uno protagonizado por un conejo. Sus páginas estaban repletas de ilustraciones con diferentes texturas y estilos: papeles de periódicos, fotografías, dibujos infantiles… Cada página proponía un ejercicio de ilustración.
Con cierta vergüenza debo reconocer que tras comprar el libro y ojearlo a fondo, decidí quedármelo para mí y regalarle a Berta uno diferente. Me autodisculpé pensando que el libro del conejo era para mayores de 3 años. Por ejemplo, para niñas de 28.
Desde entonces Mal de Archivo se convirtió en mi librería de referencia. Los visitaba a menudo para buscar lecturas obligatorias de las asignaturas de la facultad: ahí compré obras de Rodolfo Walsh, Borges, Mario Levrero, César Aira, María Moreno o Hebe Uhart. Aunque desde la facultad nos facilitaban los PDF de las obras, pasaba tantas horas del día inmersa en la virtualidad, que mi cabeza no podía concentrarse en la lectura a través de la pantalla. Además, se trataba de libros que no debían faltar en mi futura biblioteca.
Cuando no estaba Carolina me atendía Manuel, siempre con la misma buena disposición para la charla y la recomendación de novedades. También recurrí a ellos cuando tuve que idear algún regalo de cumpleaños para mayores. Compré Litio, de Malén Denis para Bárbara y un libro de fábulas judías en una edición hermosa ilustrada por Maurice Sendak, para Giulia. Se trataba del mismo autor de uno de mis libros infantiles favoritos: De dónde vienen los monstruos. Ambas propuestas triunfaron entre las cumpleañeras.
Manuel me contó que el proyecto de la librería comenzó a “cranearse” en el año 2011, cuando ambos regresaron a Rosario después de vivir unos años en Barcelona. Desde entonces, pasaron por un montón de etapas de prueba y error respecto a la configuración del espacio, y a lo largo de todos esos años la librería convivió con el bar, el espacio de trabajo, de presentaciones y talleres y el café.
Sobre la selección de libros que ofrecen al público, nunca les interesó ser una librería “de fondo”, es decir tener ejemplares de casi todos los libros disponibles en el mercado. Prefieren ofrecer una selección con un filtro previo que tenga la impronta de sus propios gustos e intereses y así estar más enfocados. Eso les permite también hablar con conocimiento de los títulos que ofrecen y volcar su pasión en algo más específico y manejable para esta pequeña estructura.
Al preguntarle por sus editoriales de referencia, me comentó que trabajan con casi todas las editoriales disponibles en lengua castellana y algunas en otros idiomas. Pero del catálogo de cada editorial no reciben su totalidad, sino justamente lo seleccionado. Indagan siempre sobre las editoriales artesanales y pequeñas para así tener un mundo de libros más rico que los que circulan por los canales comerciales más habituales.
Entre su público triunfan las novelas, los cuentos y los libros infantiles ya que la literatura infantil y juvenil ha tenido un despegue impresionante en los últimos años con ediciones bellísimas, ilustradas, variadas.
El lazo que establecen con las personas que concurren al lugar es quizás lo más hermoso de todo su proyecto, y sin duda lo que más disfrutan. Según asegura, muchos conocidos han pasado a convertirse en amigos. Esa es la intención: “Charlar, escuchar, brindar un ambiente cálido estética y afectivamente para que pueda abrirse esa posibilidad de conexión.”
Hay muchas personas que se acercan con una búsqueda concreta. Otras se dejan llevar por la selección y vienen a por una edición especial o poco vista para regalar. Desde la librería, siempre están dispuestos a hacer alguna recomendación interesante a quienes no tienen muy claro qué andan buscando; algo que sucede frecuentemente ante la plétora de ediciones e información.
Además, combinan el espacio de la librería con actividades culturales, siempre con el horizonte de mantener un espacio de encuentro lo más vibrante posible. En tiempos de pre-pandemia realizaban presentaciones de libros, recitales o talleres y convertían la librería en espacio de reuniones, ferias, lecturas, performances de teatro y danza o radios en vivo. Ahora, como a todes, no les ha quedado más remedio que adaptar algunos de esos encuentros a la virtualidad.
Al mostrarle mi inquietud por el crecimiento en España de los grandes gigantes como Amazon y La casa del libro, que están poniendo en serio riesgo la existencia de las pequeñas librerías, Manuel coincidió con que aquí también son muy dañinas para el sector. Asegura que, si se quieren preservar las librerías como espacios culturales y de sociabilidad, habrá que buscar alguna regulación para los grandes monopolios que han avanzado sin freno desde hace un tiempo a esta parte.
Además, según me cuenta, se suma otro factor que no ayuda: la desunión del mundo de los libros (librerías, editoriales, distribuidoras, etc). Manuel considera que es necesario coordinar acciones o decisiones colectivas para, al menos, hacer más fuerte su posición: “Es algo pendiente y urgente porque ante el caos siempre resulta más fácil para los poderosos llevarse la mejor tajada sin resistencia.”
Sin embargo, se muestra optimista y decidido en su labor y considera que la gente valora mucho los espacios culturales: “Más allá de lo comercial sigue siendo un lindo desafío sostenerlos y nutrirlos de prácticas que embellezcan un poco nuestra existencia.”
Actualmente en Mal de Archivo están de mudanza, después de 8 años en su local original. Su nueva ubicación es aún un misterio que guardan en secreto y que a muchas nos mantiene expectantes.
Mi última adquisición de la librería fue DAF de Beatriz Vignoli. Quería leer algo de esta autora porque desde el Centro Cultural comenzamos hace tres semanas un interesantísimo taller impartido por Beatriz sobre Escritura de Sueños.
*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.