El diario de Inés. Capítulo 24

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.
Capítulo 24. La dichosa virtualidad
El centro cultural ha permanecido cerrado prácticamente desde mi tercera semana en Rosario. Desde entonces ya han pasado más de cinco meses. Y a pesar de los cambios y de las necesarias adaptaciones, el trabajo con el equipo no ha cesado un solo día. Divididos por áreas de proyectos, comenzamos no solo a tratar de adaptar los contenidos programados a la no presencialidad, sino a intentar idear nuevas propuestas directamente desde lo virtual.
Zoom y Google meet se han convertido en las herramientas fundamentales de comunicación dentro del equipo, en las que, por supuesto, no faltan pequeños contratiempos: quien habla con el micrófono silenciado, quien con el micrófono prendido cuando no debe, provoca interferencias en la escucha; las imágenes congeladas y las voces que se ruborizan por la mala conexión. Y por supuesto hijos y mascotas que participan de los encuentros. Isabela cada tanto se pasea por delante de la pantalla cuando escucha esas voces extrañas que salen de la computadora.
Desde el centro nos tocó reinventarnos y hacernos preguntas. ¿Cómo hacer visitas virtuales a las muestras que ya teníamos? ¿Cómo readaptar los trayectos de formación que ya estaban programados y destacar nuestras propuestas entre el cúmulo de iniciativas que surgían? ¿Cómo acompañar cuidadosamente a nuestro público en estas circunstancias tan especiales a las que obliga el aislamiento social?
Durante todo este proceso de formación he ido incorporando nociones básicas de gestión cultural, a pesar de las circunstancias. Está claro que las propuestas deben ser interesantes e
innovadoras, y que hay que saber dirigirlas a públicos específicos mediante una buena tarea de comunicación.
Las acciones además deben estar coordinadas y muchas veces una actividad principal tiene más repercusión y queda reforzada si va acompañada de otras acciones satelitales. Por ejemplo, cuando comenzamos a trabajar con el equipo de galerías, organizamos la visita virtual a la muestra El Camino en los campos, hará ya un par de meses. Gracias a las nuevas tecnologías logramos presentar un recorrido en 360 grados de toda la galería que tuvo mucha afluencia de público en las primeras semanas de presentación. En el marco de esa muestra, ahora estamos armando, con la ayuda de la antropóloga Laura Cardini, unas mesas de debate y unas entrevistas que tendrán lugar en octubre, en torno las problemáticas de la venta y la comercialización de las artesanías elaboradas por mujeres de los pueblos originarios de la región. A raíz de esas mesas de debate, la muestra volverá a reactivarse y a recibir nuevos visitantes. Es una cuestión de estudiar la retroalimentación de las acciones para que no se diluyan ni pierdan interés.
En este caso, la virtualidad también tiene sus ventajas, ya que en esas conversaciones entrarán en diálogo ponentes de toda Argentina, e incluso habrá participantes que nos hablarán desde México o España. La presencialidad en estos encuentros se diluye, también las fronteras geográficas, pero las distancias se achican. A uno y otro lado del charco la gente amplía los saludos según los husos horarios y no es raro encontrar en una misma sala gente abrigadísima y personas bastante livianas de ropas.
También me doy cuenta de que es fundamental que las propuestas se suscriban a un contexto y a las demandas de las problemáticas del momento para captar el interés de la gente. Por ejemplo, tras la actividad en torno al documental Fotosíntesis, y a raíz de las desastrosas quemas del Paraná, con el colectivo Ojo Verde de cine socioambiental estamos programando una actividad para el viernes 25 de septiembre en la que se abordarán, tras el visionado de La mirada del colibrí, un documental de Pablo Nisenson sobre las causas y consecuencias de los incendios que han asolado la región.
El trabajo en red y el anclaje al territorio son otras dos líneas de trabajo fundamentales que marcan esta gestión del Centro Cultural. En esa línea, por ejemplo, se ideó el trayecto de formación en mediación cultural Travesías en coordinación con los otros dos centros culturales de España en Argentina (el de Buenos Aires y el de Córdoba), junto a la organización barcelonesa Transit Projectes, para tratar de acompañar e impulsar proyectos que los actores culturales rosarinos independientes quieren sacar adelante, teniendo en cuenta las particularidades de cada ciudad. En estas semanas, estamos teniendo encuentros con cada uno de los proyectos que se presentaron a la convocatoria, y en esas reuniones, tengo la magnífica oportunidad de conocer a agentes culturales locales de diferentes ámbitos, además de encontrarme con muchas ideas para posibles proyectos a futuro.
A la hora de retransmitir las actividades del centro también tratamos de sacarle el máximo partido a los formatos audiovisuales disponibles: videos en streaming, grabaciones con montaje y posproducción, mesas de debate, entrevistas, foros, plataformas virtuales para las formaciones… Todo ello requiere de una asistencia técnica que estamos empezando a manejar. Nuestra página web, que era un simple portal informativo, con información básica sobre las actividades programadas, se ha convertido en una plataforma digital de contenidos, donde vamos alojando todo el trabajo que estamos realizando.
Otra de las preocupaciones del centro era la de poder trabajar con artistas que, en este contexto, como tantos otros sectores, lo están pasando realmente mal. Aunque ahora hemos vuelto por 15 días a la fase uno, durante los últimos meses otros negocios habían podido recuperarse de a poco, y mientras los bares, restaurantes y negocios habían reactivado su actividad, las bibliotecas, los museos, los teatros y los centros culturales permanecían cerrados. De ahí surgieron iniciativas como el trabajo con las ilustradoras del colectivo Furioso, que con sus dibujos dieron a conocer a grandes mujeres de la historia rosarina; el proyecto A 18 minutos del sol, que visibilizó el potencial de algunas bandas musicales emergentes de la ciudad o Poesía para acompañarnos en aislamiento, donde seis reconocidas poetas rosarinas recitaban poemas de nueva creación en contra de la violencia de género, fenómeno que se agudizó dramáticamente en el contexto de la pandemia.
Todas las gestiones en este nuevo contexto tienen la dificultad añadida de la imposibilidad de la ayuda presencial. Hasta pedir un pequeño video para promocionar las actividades en redes requiere de asistencia técnica a distancia para no poner ni a nuestros colaboradores, ni a nosotras mismas en riesgo, y hay que tener en cuenta que no todos nos llevamos igual de bien con la tecnología, ni tenemos las mismas posibilidades de acceso a ella.
A pesar de todas estas ventajas, la virtualidad también cansa. Al principio, mientras nos reorganizábamos, yo participaba de un par de reuniones virtuales semanales, en las que se iba actualizando el estado de cada actividad, pero a medida que empecé a involucrarme en más proyectos he pasado a tener una media de tres o cuatro reuniones diarias. Entre las reuniones generales del centro, las reuniones con los equipos de trabajo y los encuentros con otras instituciones o agentes externos, muchas veces se suman más de diez a la semana. Algunas de ellas se extienden más allá de las dos horas y esto sumado a las clases virtuales de la universidad, me hace pasar una media de seis horas diarias frente a la pantalla, solo en videoconferencias. Reconozco que tras la tercera reunión del día siento un punzante dolor de cabeza y la necesidad de salir a caminar.
Así que cuando se presentó la oportunidad de unirme a una actividad de voluntariado presencial para conocer una realidad bastante más desafiante de la que vivo entre las cuatro paredes de mi casa, me animé a participar para conocer otras escenas, con otras problemáticas, mucho más complejas que la pandemia.
*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.