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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 32

El diario de Ines capitulo 32

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 32. Taller de escritura de sueños con Beatriz Vignoli

Cuando me enteré de que desde el CCPE se iba a dictar un taller de escritura de sueños impartido por la escritora, periodista y traductora Beatriz Vignoli, me dio una rabia tremenda mi nula habilidad para recordar en la vigilia mis viajes oníricos. No me sentía digna de participar en la actividad por esta circunstancia, a pesar de que me atraía mucho tanto la propuesta genuina del taller, como escuchar hablar a la propia Beatriz. Así que cuando Virginia, la coordinadora del taller, me comentó que no le vendría mal una mano para la parte técnica, en seguida me presté como voluntaria.

Desde luego, participar en la actividad de esta otra manera era un absoluto privilegio pues la propuesta tuvo una convocatoria abrumadora. A pesar de que solo había 24 plazas, casi 300 personas trataron de inscribirse.

Conocí a Beatriz en persona el día que me acerqué a su casa a recoger un libro, para llevarlo a escanear, que serviría de material bibliográfico para el taller: El tercer reich de los sueños, de Charlotte Beradt. Me saludó muy amablemente y me contó que aquella noche no había podido dormir muy bien. Sin embargo, había estado preparando todos los materiales para las sesiones del taller y me pidió que por favor cuidara muy bien ese libro tan valioso.

El miércoles 21 de octubre dio comienzo el taller, que constaría de seis sesiones. Yo estaba bastante nerviosa porque era la primera vez que me ocupaba de la técnica de una actividad del centro. En realidad, no había nada de qué preocuparse ya que todo estaba muy bien organizado. Entre las tres formábamos un buen equipo. Virginia se encargaba de coordinar toda la actividad, de mantener las comunicaciones con les participantes y de ordenar con Beatriz los contenidos y los materiales de las sesiones. Yo me ocuparía de la parte técnica y Beatriz, bueno, Beatriz solo haría su magia. Tal y como ella misma me dijo, nosotras piloteamos toda la parte “diurna” para que ella pueda centrar su atención en el lado “nocturno” del taller.

El interés de Beatriz por el mundo onírico y su experiencia como tallerista de escritura de sueños viene de largo y surgió a partir de varios motivos. Como escritora, lleva desde los doce años trabajando con el lenguaje de la poesía, un código no literal, de metáforas y figuras que identifica con el propio lenguaje onírico. En la facultad de bellas artes, quedó fascinada por las vanguardias históricas del surrealismo y el dadaísmo, y leyó el manifiesto surrealista de André Breton donde se hablaba de la posibilidad de un futuro utópico en el que el sueño y la vigilia quedarían unidos en una misma realidad.

En posteriores etapas de formación se encontró con una serie de filósofos como Benjamin y Scholen que le remitieron a la mística judía. En una Biblia que le había regalado su padre encontró el relato del sueño de Jacob, quien vivía en un mundo donde el sueño y la vigilia no se separaban, y se dijo: “guau, este fue el primer surrealista”.

La lectura de ese pasaje bíblico le aportó una perspectiva histórica que hasta el momento no tenía. Y empezó a reflexionar sobre cómo naturalizamos el modo individualista capitalista occidental de abordar ciertos fenómenos como el soñar. Compartió sueños con su hermano y con su buen amigo, el escritor Pablo Bigliardi, y juntos comenzaron a pensar la posibilidad de que el sueño fuese un encuentro con algún tipo de entidad que habita ese lugar desde tiempos inmemoriales, tal y como sostiene la cosmogonía de diferentes pueblos originarios.

Leyó todo lo que encontró sobre el mundo de los sueños, en inglés y en español, en los diferentes períodos y en las diversas las cosmovisiones y se lanzó a escribir un diario de sueños. A partir de todas esas experiencias y lecturas, los sueños alcanzaron para ella una significación social que iba mucho más allá de la mera perspectiva individual.

Fue ahí que empezó a organizar grupos y talleres para compartir sueños, en lugares íntimos y pequeños, porque lo ideal es que el trabajo con los sueños tenga lugar en un espacio seguro, sin amenazas: “Así como necesitamos sentirnos no amenazados para poder entrar en el estado de vulnerabilidad al dormir y al soñar, de la misma forma, para trabajar con los sueños necesitamos un espacio seguro e íntimo.” En esta modalidad virtual, tratamos de reproducir esas mismas condiciones a pesar de la distancia física, y gracias a la virtualidad, participan en el taller soñantes de diversos puntos de la Argentina, e incluso algunes se conectan desde Chile y Portugal.

En el taller, además de compartirnos sus conocimientos sobre la trascendencia multicultural de los sueños, Beatriz acerca técnicas para poder recordarlos mejor. Nos da pistas sobre cómo optimizar las condiciones y la higiene del sueño para poder dormir bien, y nos invita a mantener los ojos cerrados y la posición del cuerpo al despertar, para tratar de contarnos a nosotras mismas los sueños antes de escribirlos. Sugiere dejar a mano un cuaderno para anotar todos los detalles que recordemos antes de que se desvanezcan en nuestra memoria. Fuera del taller, nadie puede reproducir los sueños que se cuentan en las sesiones, y solamente el o la soñante puede tratar de encontrarle una explicación a su propio sueño. De esa manera se crea un espacio de respeto y acompañamiento donde compartir y dar rienda suelta a la subjetividad desde la sensibilidad.

Beatriz nos aclaró en la primera sesión que ella no es terapeuta, ni psicóloga, ni psiquiatra. No está habilitada para trabajar terapia ni es lo que pretende. Lo que hacemos se trata de un taller de escritura de sueños e introduce la palabra “escritura” para marcar una diferencia y señalar sus propias limitaciones.

Desde ahí ofrece las herramientas que puede enseñar a usar, porque son las que utiliza todos los días en su trabajo con un objetivo doble. Por un lado, conseguir que cada soñante lleve un diario de sueños que le permita encontrar elementos comunes, formas que se repiten, escenas sorprendentes, elementos distintivos. No pretende interpretar los sueños ajenos, sino que cada soñante pueda tomar lo que le sirva y hacer lo que quiera con ese material: crear arte, conocerse a sí mismo, llevarlo al psicólogo o al psicoanalista. La escritura no tiene un objetivo artístico. No es un taller ni de arte, ni de religión, ni de ciencia, ni de psicoanálisis, ni de antropología, sino un encuentro en el danzan todos esos elementos.

La otra parte fundamental del taller, afirma Beatriz, se da cuando nos contamos nuestros sueños unas a otras. Los lazos sociales y afectivos se afianzan de una manera increíble y adquieren una profundidad que no tenían antes. Afirma que compartir los relatos de los sueños genera comunidad. Además, está muy entusiasmada porque es una disciplina nueva, una práctica que consiste en recordar, registrar y compartir sueños, apoyada en todas esas técnicas secundarias que hacen al buen dormir. Su terapeuta le dice que es una promotora de la salud, porque ayuda a la gente a dormir bien y a relacionarse mejor.

En el taller Beatriz nos cautiva. Es verborrágica, expansiva, apasionada y está feliz tanto de compartir toda su experiencia y conocimientos en la materia como de escuchar con entusiasmo y una atención plena los relatos de les soñantes. Además, es una mujer muy agradecida. En la entrevista que le pedí para la escritura de este capítulo, se deshizo en halagos por el amoroso acompañamiento del equipo del Centro Cultural que ha posibilitado la realización de este taller.

Los perfiles de les soñantes son muy diversos en cuanto a edades y profesiones y vienen con distintas expectativas. Melisa, por ejemplo, se inscribió en el taller porque ya tenía un vínculo bastante estrecho con sus sueños. Venía registrándolos desde hace tiempo, pero las técnicas de Beatriz para poder recordar los sueños más fácilmente le están ayudando a sistematizar ese registro de una forma más organizada. Además, le entusiasma toda la historización que ha ido explicando Beatriz a lo largo de las sesiones sobre cómo se ha visto el sueño o el acto del soñar a lo largo del tiempo en las diferentes culturas.

Eugenia, otra soñante, fiel admiradora de Beatriz en lo literario, hacía tiempo que quería participar en uno de sus talleres. Aunque la cuestión de los sueños siempre le había llamado la atención, nunca se había animado a ejercitar el recuerdo y el registro de estos. Ella lo piensa desde un lugar creativo porque es música y compositora y al meterse en el plano de lo onírico, encuentra un material muy valioso en esa cuota de surrealismo de imágenes y escenas que cambian constantemente en sus sueños. El taller está superando sus expectativas a pesar de la virtualidad y explica que Beatriz es muy amena y generosa con sus investigaciones y su trayectoria. Valora mucho que en el taller se posibilite que circule la palabra, las sensaciones, los sentimientos y las dudas.

Poco a poco, también yo he comenzado a retener y registrar mis sueños esquivos, aunque muchas mañanas me despierto con la mente en blanco. El último que recordé más nítidamente tenía lugar en un restaurante del barrio Echesortu que vengo visitando con cierta frecuencia: se trata del bar Bonavena.

 

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Vie. 13/11/20 - Mar. 17/11/20
Finalizado

Hora

Todo el día

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Publicado el viernes 13 de noviembre de 2020.