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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 4

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 4. Todos al monumento

Aquella primera tarde, tras almorzar las sobras del viaje y deshacer las maletas, quedé con Juan Carlos y Noemí para asistir al acto del Presidente. Paseamos antes por algunas calles peatonales del centro, Córdoba y San Martín. Aunque había bajado un poco el sol, y el calor pegajoso y la humedad del ambiente aún resultaban molestos, las calles estaban llenas de vida y de puestos de comida y ropa. Pasamos por una zona repleta de bazares que vendían accesorios para el hogar y recorrimos algunas galerías antiguas con multitud de tiendas de ropa. Nos asomamos al “Centro Cultural Fontanarrosa” para echarle un ojo a la programación del mes y finalmente nos sentamos a tomar un zumo de naranja natural bien fresquito en una librería preciosa, Homo Sapiens, a la que Noemí y Juan Carlos quisieron llevarme cuando les conté que había estudiado literatura.

Mientras me perdía entre las estanterías, sin que me diera cuenta Juan Carlos le pidió al dependiente un libro del que habíamos estado hablado por la mañana: Las malas, de Camila Sosa Villada. Tenía muchas ganas de leerlo, pero aún no había llegado a España. Por suerte no lo tenían. Noemí y Juan Carlos pretendían regalármelo como presente de bienvenida, pero a mí ya me daba un poco de apuro tanta hospitalidad; no sabría cómo retribuirles.

De camino al monumento cruzamos por la Plaza 25 de Mayo, donde nos reunimos con un grupo de antiguos compañeros de militancia de Juan Carlos y Noemí. Me saludaron amablemente dándome la bienvenida a Rosario, y me explicaron que estábamos en un lugar emblemático de la ciudad, ya que las poquitas Madres de Plaza de Mayo que aún sobrevivían seguían reuniéndose allí, jueves tras jueves, para seguir reclamando justicia y reparación por la desaparición de sus hijos.

Uno de los amigos de la pareja era el pintor Fernando Traverso. Juan Carlos me contó que a un compañero de Fernando, que siempre andaba en bicicleta, lo habían desaparecido en la dictadura. Como homenaje, Fernando pintó la silueta de una bicicleta en el último lugar en el que había sido visto con vida, y, desde entonces, se había dedicado a estampar bicicletas por toda la ciudad, honrando la memoria del resto de los rosarinos desaparecidos durante el periodo militar. Días más tarde, me encontraría con una de esas bicicletas muy cerquita de casa.

Ya en el monumento, me enteré que se conmemoraba el primer izamiento de la bandera argentina, que había tenido lugar por primera vez el 27 de febrero de 1812, allí, a orillas del Paraná. El Presidente había venido a la ciudad a celebrarlo junto a autoridades locales y de la provincia de Santa Fe.

Me llamó la atención el fervor y el cariño con el que los gente recibió al mandatario. Su discurso aumentaba progresivamente en tono y brío. El público lo ovacionó cuando se comprometió personalmente a tomar las medidas necesarias para reducir los niveles de vandalismo y narcotráfico de la ciudad.

En España normalmente no se suele sentir ese cariño por los políticos. Como mucho, y salvando algunas excepciones, se les tiene cierto respeto. Pero la gente estaba allí, emocionada, agitando banderas, orgullosa de su patria.

Aunque la plaza no estaba llena, había mucha gente, y entre los asistentes se podía apreciar rosarinos de estratos sociales muy diferentes, coreando, todos a una, a la figura del Presidente. Había quien agitaba banderas argentinas, banderas de sindicatos, banderas con la cara de Evita, e incluso banderas de los dos principales equipos de fútbol de la ciudad, a quienes dedicó, en un momento dado, una arenga de apoyo. Cuando el Presidente hablaba, los asistentes de las últimas filas gritaban que se bajaran las banderas para poderlo ver mejor.

Algunos puesteros ambulantes vendían torta asada, palomitas, agua y cerveza fría. Recordé cómo me había llamado la atención que en Santiago de Chile los puestos de comida estuvieran presentes incluso en las manifestaciones.

Hacia el final del acto sonó el himno nacional, inundando el ambiente de solemnidad, de manos en el pecho, de banderas en alto. Pensé que en España los “¡viva la patria!” y los “¡arriba la bandera!” pertenecen al discurso de la extrema derecha. Y sin embargo, a pesar de no comprender muy bien aún qué era el peronismo, aquello, desde luego, no tenía nada que ver con la ultraderecha.

Cuando el acto terminó, justo antes de regresar a casa y dormir de un tirón las doce horas que necesitaba para recuperarme del jet- lag y de todas las emociones del primer día, no pude evitar la tentación de Asomarme al Paraná.

 

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Vie. 1/5 - Sáb. 2/5
Finalizado

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