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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 10

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 10. Un asado argentino

Llevaba dos semanas en Argentina y todavía no había probado el asado, algo del todo imperdonable. Así que, para paliar la falta, la visita a casa de Martina supuso una auténtica experiencia de aprendizaje teórico-práctico sobre gastronomía argentina.

Mientras tomábamos un buen vino mendocino para abrir boca, vimos el documental Todo sobre el asado de Mariano Cohn y Gastón Duprat. La película, no exenta de humor y de una buena dosis de ironía, me dio una idea de la categoría de arte que adquiere esta práctica en la Argentina. El film explora no solo la parte culinaria sino también el componente social, cultural e incluso antropológico de la ceremonia del asado. Todo ahí es objeto de estudio: las partes de la vaca, los tipos de cortes, las técnicas, los tipos de leña para hacer brasas y las formas de cortar la carne, incluso con cuchara o con plato para comprobar su punto. El ritual semanal de los domingos que une a familias o amigos en torno a este manjar termina siempre con el referencial “aplauso para el asador”.

Comprendí entonces los curiosos nombres de los cortes que me habían despistado en los carteles de la carnicería, totalmente desconocidos para mí: vacío, ojo de bife, lomo, matambre, tapa de asado, entraña, bife de chorizo, y la más famosa y tradicional de todas: la tira. Argentina es el país que más ternera consume del mundo. Aquí, “carne” se le llama solo a la vaca. Si lo que se quiere es pollo, cerdo, o cualquier otro animal, hay que especificarlo.

De la teoría pasamos a la práctica: encendimos las brasas en el “diablillo”, una especie de estructura de metal que sirve para quemar el carbón. Dentro se mete algo de madera, papel para prender el fuego y las piezas de carbón, y por las rejillas que tiene en la parte inferior van saliendo las brasas al rojo vivo. Esparcimos las brasas en el asador con ayuda del rastrillo y la palita, limpiamos la parrilla con papel de periódico y tras dejarla calentar un rato sobre las brasas, estiramos sobre ella las piezas seleccionadas para la ocasión: una morcilla, un chorizo, una molleja y la famosa tira de asado. A la pregunta “¿Cuánto tiempo hay que dejarlo?” Martina respondió como si fuera una obviedad: “hasta que esté hecho”.

El proceso me recordó a los asados de mi tierra. Los platos más típicos de mi comarca son el lechazo asado en horno de leña y las chuletas de cordero a las brasas. Allí, por ser tierra de vino, utilizamos como leña los sarmientos de las vides una vez secadas. El aroma de la madera quemada y de la carne a la brasa me recordó a mi infancia y a los veranos, en los que las celebraciones familiares siempre tenían como protagonistas las chuletas de cordero, acompañadas de morcilla, panceta o chorizo.

Montamos la ensalada, pusimos la mesa, y ¡a comer! La carne, deliciosa por el toque ahumado, estaba en su punto, y el sabor de la morcilla me sorprendió por ser completamente diferente a la especialidad burgalesa. La nuestra se elabora con arroz, además de la sangre, la manteca de credo, la cebolla y el resto de especias que componen la masa.

En España también existe una gran tradición de comer carne. En casa de mis padres, por ejemplo, todos los días se come, tras un primero de verduras o legumbres, un segundo plato que incluya o carne o pescado, como si la verdura a secas no terminara de alimentar el estómago. Al llegar a Argentina, me había propuesto reducir el consumo de carne, pero sin eliminarlo. Y menos mal: no podía dejar pasar la oportunidad de disfrutar del plato nacional por excelencia.

De postre, para seguir instruyéndome en la cultura culinaria local, pedimos un helado artesanal en una heladería del barrio. Tenía bolas de cuatro sabores: granizado de menta -a petición mía por tratarse de mi favorito-, dulce de leche, chocolate y la especialidad de la casa, el sambayón, una crema elaborada a base de huevo, azúcar y oporto. El sabor amargo del alcohol, le daba un toque exquisito. Y como no podía ser de otra manera, rematamos la comilona con un gin-tonic y una larga sobremesa. Era como estar en casa.

Aún con el estómago lleno y una larga digestión por delante Martina me propuso un excelente plan para el día siguiente: un Paseo en bici por la costanera del río.

 

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Vie. 12/6 - Jue. 18/6
Finalizado

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