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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 11

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 11. Paseo en bicicleta por la costanera del Paraná

Los primeros días decidí hacer mis recorridos caminando para acostumbrarme a la trama de la ciudad, una cuadrícula parecida a la del Barrio del Eixample en Barcelona. Aunque pareciera fácil ubicarse aquí que en los intrincados cascos urbanos de las ciudades españolas, al principio todas las calles me parecían iguales. Pese a esto traté de ir estableciendo puntos de referencia.

Cada diez cuadras, aproximadamente, hay una avenida o un bulevar más amplio. Cerca de mi casa encuentro la Avenida Francia y el Bulevar Oroño cruzados perpendicularmente por Santa Fe y el río.

Me fijo en negocios o edificios que me llaman la atención para orientarme y como me han repetido varias veces que no es conveniente sacar el móvil en la calle, me hago dibujos con mapas antes de salir de casa, para poder llegar más fácilmente a los sitios. Cinco cuadras por Salta, giro a la derecha, camino tres cuadras más allá y mi destino está a la izquierda. Me empiezo a acostumbrar a usar el “acá” y el “allá”, en lugar del “aquí” y el “allí”.

Los primeros días me siento insegura, me desoriento y tengo que sacar el mapita a cada rato. Me hago listas con los nombres de las calles perpendiculares y paralelas al río para aprenderme su orden y voy entendiendo la manera en la que se organizan los números. Cuanto menor es el número, más cerca estoy del río; si una calle sube, la siguiente paralela baja.

Me sorprende que todo el mundo tenga la cuadrícula en su cabeza y que, en cuanto digo el nombre de las calles que conforman la intersección más cercana a mi casa, todos las ubiquen sin pensarlo demasiado. Tendré que hacer un esfuerzo con mi mala memoria para dibujar el mapa completo en mi cabeza.

Martina se ha ofrecido a dejarme la bici de su primo, quien se ha mudado a Chile recientemente. Me da un poco de reparo al principio ya que nunca me he movido con una bicicleta en la ciudad. Estoy acostumbrada a utilizarla en el pueblo de mis abuelos para recorrer caminos de tierra y cortas distancias.

Otra cosa que me asusta son los cruces de la cuadrícula. En aquellos que hay semáforos, la prioridad queda marcada por las luces. Pero en los que no tienen señalización se pueden observar auténticos duelos de habilidad entre conductores y peatones, que se lanzan a cruzar la calle en cuanto encuentran un hueco. A veces, se comunican con pitidos y veo algún que otro frenazo pero, misteriosamente, ningún accidente.

Los primeros días, estuve a punto de morir atropellada por creerme con prioridad para cruzar una calle por un paso de cebra. Aquí parece ser que la prioridad siempre la tienen los coches.

Para acostumbrarme a la bicicleta, Martina me propuso un paseo por la costanera del río. Recorrimos partes de la ciudad que todavía no conocía. Atravesamos las vías del tren por Avenida Avellaneda para llegar a la costanera. Había algunos tramos con ciclovía por donde circulábamos más tranquilas, pero en otras ocasiones no nos quedaba más remedio que incorporarnos a los mismos carriles que utilizaban los coches. Algunos nos pasaban rozando.

Martina me iba explicando la organización de los barrios y los cambios que había sufrido el mapa urbano de Rosario. Parece ser que hasta los años 80, la ciudad vivía de espaldas al río, pero precisamente a partir de la construcción del Parque España, se puso en marcha todo un proceso de reorganización urbanística dirigido a abrir la ciudad al Paraná. Así, se crearon parques y paseos que recorren toda su ribera y se rehabilitaron antiguas construcciones portuarias ya en desuso, como los grandes galpones junto al río, devenidos centros sociales o recreativos, o los enormes silos de almacenaje de grano, reutilizados para dar lugar a modernas estructuras como en el caso del hotel Puerto Norte o del Museo Macro.

Llegamos a la costanera del Paraná a la altura del Acuario. El paseo que discurre paralelo al río está lleno de parques con árboles frondosos y puestos de refrescos y heladerías ambulantes. La sensación del aire en la cara era muy refrescante y en seguida le tomé el punto a la bicicleta. El mapa urbano se fue transformando hacia zonas que parecían más lujosas. Bonitos barrios residenciales llenos de casas que poblaban una pequeña colina con vistas al río, entradas a clubes náuticos, desde las que se divisaban filas de veleros y barcas amarradas en los puertos.

Atravesamos La Rambla Catalunya, llegamos a la playa de la Florida y nos acercamos a los puestos de pescado fresco, para ver los enormes especímenes que los pescadores habían sacado aquella misma tarde del río. Empezaba a anochecer y había quienes aprovechaban para contemplar la puesta de sol desde la arena de la playa. Cuando oscureció un poquito más, decidimos dar la vuelta.

Los siguientes días me acostumbré a ir al centro cultural en bicicleta, lo que supuso un ahorro nada despreciable de tiempo y de dinero en transporte urbano, además de una mayor sensación de libertad de movimiento en la ciudad.

Justo lo que estaba a punto de desaparecer gracias al dichoso Coronavirus.

 

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Vie. 19/6 - Vie. 26/6
Finalizado

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