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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 17

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 17. El camino en los campos

Antes de que llegara la cuarentena, cuando el centro cultural todavía estaba abierto, una tarde observé cómo los técnicos descargaban cuidadosamente de un camión unas obras de gran formato. Como el Túnel 1 aún estaba ocupado por la muestra de Yeguas, colocaron los enormes paquetes en el Túnel 2, de manera provisoria.

Al acercarme a echar un vistazo descubrí que se trataba de una serie de cuatro obras textiles, todas protegidas y enmarcadas en enormes soportes de diferentes colores. Me costó identificar la materialidad del tejido. Desde luego no era nada parecido a la lana o el algodón. Se trataba de una fibra algo más vasta que me recordó a la rafia o al yute, pero más endeble y liviana, menos rígida. Me hizo pensar en las tradicionales redes de pesca en mi país, aunque los puntos de su entramado eran más finitos y apretados. Cada obra estaba recorrida por formas geométricas de diversos colores sobre una base beige que parecía el color natural de las fibras. Podían observarse formas marrones, violetas, verdes, negras, naranjas o amarillas, pero no se trataba de patrones repetidos a modo de estampado, sino que parecían más bien, dibujos y líneas geométricas abstractas.

Además de las obras, encontré una serie de fotografías con imágenes urbanas, y otra en la que aparecían una suerte de estructuras reticulares abstractas que no logré identificar.

Lucía, a cargo de galerías, me comentó que se trataba de la obra de un conocido artista alemán: Olaf Holzapfel. Olaf había trabajado en colaboración con una familia de tejedoras pertenecientes a una comunidad wichí de la provincia de Salta: Teresa, Mirta y Luisa Gutiérrez.

Por fin supe que el material empleado en las obras era la fibra de chaguar, palabra de origen quechua que da nombre a una planta de la familia de las bromelias y con hojas en forma de espada, que en las provincias argentinas de Chaco, Salta, Formosa y Córdoba.

A finales de abril, en pleno confinamiento, comenzamos a trabajar con Lucía y Melisa, -que completa el equipo de galerías-, en una visita virtual para la muestra El camino en los campos. Para ello, contaríamos con un recorrido virtual en 360º de la vista de la galería con las obras expuestas, y con una serie de textos explicativos sobre la obra y el proyecto. Sin embargo, para acompañar el recorrido decidimos iniciar una investigación sobre todo el proceso de elaboración de las obras, sobre el sistema de trabajo de Olaf y las tejedoras, y sobre los conceptos desarrollados por los artistas, a fin de ofrecer a los visitantes virtuales una explicación más detallada a través de breves clips de audio.

Lucía nos explicó que Olaf trabaja con conceptos como las vinculaciones entre el campo y la ciudad, las fronteras entre arte y artesanía y los vínculos entre saberes tradicionales y arte contemporáneo. Además, utiliza siempre materiales autóctonos de los lugares donde desarrolla sus proyectos, de modo que cuando lo convocaron desde el Goethe Institute para concretar un trabajo sobre la ciudad de Buenos Aires, quedó sorprendido -igual que me pasó a mí- por la estructura cuadriculada de las grandes urbes argentinas, y se dedicó a buscar un material autóctono capaz de representar ese entramado urbano reticular.

Gracias a algunos contactos, Olaf se encontró con esta familia de artesanas que trabajaban con el chaguar salteño. En sus técnicas de tejido, creaban con los hilos del chaguar una trama cuadricular en la que Olaf encontró semejanzas con las formas de la ciudad.

Nos pusimos entonces en contacto con Inka y Martina, colaboradoras habituales de los proyectos de Olaf, quienes nos explicaron cómo se creó el vínculo y el proceso de trabajo entre Olaf y las tejedoras. A partir de la observación de la urbe y de los propios entramados cuadriculares que Olaf fotografiaba en la ciudad, elaboró una serie de diseños digitales abstractos, que correspondían a esa serie de imágenes que había visto en la galería y que no había sabido identificar. Él compartía esos diseños con las tejedoras para que los interpretaran partiendo de su propia perspectiva.  Para ellas esto supuso todo un desafío, pues estaban acostumbradas a repetir siempre los mismos patrones, transmitidos de generación en generación. El resultado final es el cruce de miradas de dos mundos completamente distintos, impresión que con el equipo intentamos reflejar lo más fielmente posible, con respeto y admiración.

Nos interesamos mucho por todo el proceso de transformación del chaguar. A través de algunos documentales, descubrimos que las plantas de chaguar no se cultivan, sino que crecen espontáneamente en la naturaleza. Las mujeres wichí a veces deben desplazarse hasta 15 kilómetros caminando para encontrar esas plantas. Tras extraer las hojas del chaguar, separan las fibras de la pulpa, golpeándolas o raspándolas con un cuchillo para después dejarlas secar. Una vez secas, hilan las fibras sobre el muslo de su pierna, ayudándose con ceniza para fijar los hilos, que después tiñen con tinturas naturales. Por ejemplo, utilizan la resina del algarrobo con semillas de guayacán para obtener el color negro, la fruta del olaj para sacar el azul.

Con esos hilos elaboran sus artesanías: caminos de tejido, bolsos, cintos o yicas, que son grandes bolsas de carga, en las que incluyen símbolos recurrentes de su cosmovisión, como garras de carancho, ojos de lechuza y jaguar o caparazones de tortuga. Mientras que las mujeres wichí se encargan de la elaboración de artesanías con chaguar, los hombres trabajan el tallado la madera. Y como estas comunidades viven de la venta de su artesanía, a veces no les queda más remedio que moverse a las ciudades para dar salida a sus productos, con todas las complejidades que eso entraña.  Por ejemplo, Teresa se había mudado a Buenos Aires y hablaba no solo de las dificultades del idioma y de la desorientación en la ciudad, sino también de cómo extrañaba el contacto con la naturaleza, el pisar la tierra con sus pies, el poder mirar las estrellas en el cielo abierto.

De este trabajo colaborativo, que vinculaba las formas del arte contemporáneo y el saber ancestral de las mujeres wichí, me resultó tremendamente interesante el lazo simbiótico que habían armado Olaf y las tejedoras. Él había encontrado en la materialidad del chaguar el elemento idóneo para desarrollar su proyecto, y el trabajo con las tejedoras lo había llevado a reconectarse con las formas artesanales primigenias de su lugar de origen en la provincia de Brandemburgo. Ellas, a través de este proyecto, además de conseguir un trabajo y un sustento complementario a su labor como artesanas, habían dado a conocer la cultura wichí en los centros culturales de varias ciudades del mundo, pues la muestra había sido expuesta en Venecia, en Alemania, en Santiago de Chile, en Buenos Aires y ahora en Rosario.

Aunque la situación no sea comparable, al escuchar a Teresa hablar de cómo extrañaba la naturaleza, me di cuenta de que, proviniendo de un entorno rural, también yo llevaba ya cinco meses en Rosario, sin salir de la ciudad, así que pasada la “inauguración” de la muestra, me propuse hacer una pequeña excursión a Las islas del otro lado del Paraná.

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Vie. 31/7 - Vie. 7/8
Finalizado

Hora

Todo el día

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