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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 21

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 21. #No somos nada sin todo lo que nos rodea

El pasado domingo, mientras leía en la terraza al sol, de repente la luz sobre el papel cambió a un potente tono anaranjado. Al levantar la cabeza, vi como una columna gigante de humo se elevaba desde el río opacando el sol.

El humo, desgraciadamente, se ha convertido en parte del paisaje cotidiano rosarino. Los habitantes de la ciudad cuentan que es un problema que viene de largo, pero desde hace unos meses la situación se ha vuelto insostenible. A ratos, el fuego parece dar tregua, pero especialmente los días de viento cuesta respirar y la ceniza blanca cae del cielo como una lluvia seca.

Por las noches, cuando el viento se calma, el humo baja y asfixia. Una situación más preocupante si cabe en este contexto de pandemia, pues los riesgos de las afecciones respiratorias producidas por el humo y el virus crean un cóctel fatal.

La primera noche que lo sentí me asusté. Estaba en la cama viendo una película y de pronto, un fuerte olor a quemado invadió el ambiente y noté que me faltaba el aire. Tuve que bajar a
comprobar si había dejado los fuegos de la cocina encendidos y apagué la estufa por si se trataba de una fuga de gas. Al abrir la ventana para ventilar la casa comprobé que el olor venía de afuera.

Desde hace más de un mes, diferentes colectivos ambientales agrupados en la Multisectorial por la Defensa de los Humedales se organizan los domingos para marchar y protestar por las
quemas, cortando el monumental puente que atraviesa el río y que comunica las ciudades de Rosario y Victoria, esta última en la provincia de Entre Ríos. También han convocado manifestaciones en el centro de la ciudad, performances, conversatorios, asambleas ciudadanas y propuestas para que la gente pueda manifestar su repulsa a las quemas desde casa, a través de redes sociales, en el contexto pandémico que nos ocupa.

El domingo 16 en un acto simbólico en homenaje a los pueblos de canoeras y canoeros
de la región, más de 350 embarcaciones a remo unieron las dos orillas de las provincias afectadas por el ecocidio. Reivindican la necesidad de aprobar una ley que proteja la conservación de los humedales, que ocupan un veinte por ciento del territorio argentino, y que los defienda de posibles intereses inmobiliarios y del modelo extractivista de agronegocio que prioriza los intereses económicos por encima de la vida, quemando el territorio para convertirlo en pastizal para ganados.

El fuego no solo arrasa el ecosistema llevándose por delante la invaluable diversidad de flora y fauna que puebla el humedal. También pone en peligro la salud de una ciudad de más de un millón de habitantes.

El pasado fin de semana un foco se acercó peligrosamente a las viviendas de
algunos habitantes de la Isla Deseada y varias chacras fueron arrasadas. Tuvo
que ser un grupo de ciudadanos y ciudadanas autoconvocados quien se desplazó a las islas para ayudar a les habitantes del humedal a proteger sus viviendas del fuego, sin ayuda de las autoridades.

El 1º de agosto, día de la Pachamama o día de la Madre Tierra, me acerqué con Meli a una de esas manifestaciones organizadas en el puente Victoria. Aunque a las 12 se había convocado una concentración en el Monumento para partir desde allí en bicicleta hasta el puente, nosotras no pudimos acercarnos hasta las 3 de la tarde. Mientras pedaleábamos hacia el puente, las columnas de humo se elevaban al otro lado del río desde lo que parecían ser varios focos de incendios.

Cuando llegamos, efectivamente el puente estaba cortado, y un retén policial custodiaba la subida para vehículos. Arriba se divisaba una gran multitud que ocupaba varios centenares de metros. Había más de 4000 personas según señalaron los convocantes al final de la concentración. Subimos con las bicicletas y atravesamos varios grupos, relativamente aislados, para acercarnos al escenario improvisado desde el que hablaban los y las oradoras. Por mi altura, no alcanzaba a verlos, así que me dediqué a estudiar las pancartas.

Por todas partes se veían carteles que decían: “Ley de humedales ya”, “Basta de ecocidio”, “Nuestra casa está en llamas” o “Comiendo animales apoyas las quemas”. Algunas pancartas ilustraban con dibujos aves, serpientes y carpinchos en riesgo por las llamas. Gente de todas las edades había acudido a la convocatoria. Había pintadas en el asfalto, grupos con tambores que resonaban tras las intervenciones y whipalas ondeando aquí y allá. En una señal de tráfico que decía “Precaución, bancos de niebla próximos”, la palabra “niebla” había sido sustituida por “humo”.

Aunque llegamos a mitad del acto, nos dio tiempo a escuchar a varias representantes de las colectivas convocantes. Hablaron biólogos, activistas medioambientales, grupos ecologistas y antiespecistas y representantes de los pueblos originarios. Además, se prestaba el micrófono a
toda persona que de manera espontánea quisiera exponer sus reflexiones. Los y las
convocantes repetían cada poco que se respetara el distanciamiento social y el uso
del barbijo obligatorio, para mantener el protocolo por la pandemia.

Comentaban como la bajante histórica del Paraná, sumada a las quemas tenía unas repercusiones terribles para la fauna autóctona y reclamaban una legislación que sobrepasara los límites de las jurisdicciones provinciales para proteger el humedal, dado que la naturaleza no entiende de fronteras. Abogaban por la necesidad de escuchar el conocimiento ancestral de los pueblos originarios de la región y por la prioridad inexcusable de prestar ayuda a los
habitantes de los humedales y tender puentes con la provincia entrerriana. Criticaban
la estrecha relación entre el sistema de consumo animal imperante y el sistema de agronegocio extractivista totalmente ajeno a los peligros de sus formas productivas, y atacaron los intereses inmobiliarios que también están detrás de los incendios de los humedales.

Había rabia, frustración e impotencia en sus palabras, e indignación por la falta de respuesta de las autoridades. Pero también esperanza. Un hombre de edad avanzada tomó el micrófono para agradecer emocionado la gran acogida de la convocatoria. En su vida había visto una movilización de tal magnitud por reclamos ambientales y expresaba el orgullo de pertenecer a una población concienciada con la catástrofe ambiental. Con su intervención se me pusieron los pelos de punta.

Nos marchamos antes de que comenzara a anochecer, cuando todavía la concentración no se había dispersado. Al día siguiente me acerqué a la orilla del río. Y no solo no habían cesado las quemas, sino que las columnas de humo se habían multiplicado.

Se habla ya de más de 7.000 focos provocados en tan solo el mes de agosto en los humedales y de más de 90.000 hectáreas arrasadas. Las fotografías de extensos campos quemados, de animales calcinados o tratando de huir de las llamas y los vídeos de vecinos del delta combatiendo el fuego cuerpo a cuerpo han circulado en redes y medios de comunicación durante las últimas semanas. ¿Qué tendrá que pasar para que se tomen medidas
contundentes?

En el ciclo de cine ambiental en el que participa el CCPE, proyectaron hace unas semanas una película documental que refleja los cambios del entorno rural de la provincia de Santa Fé, muy interesante para ver la evolución en el modelo de producción agrario de la provincia. La película, dirigida por Diego Fidalgo, se llama Fotosíntesis.

 

 

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Vie. 28/8 - Vie. 4/9
Finalizado

Hora

Todo el día

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