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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 22

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 22. Fotosíntesis

Dentro del Centro Cultural, Virginia se ocupa de proyectos especiales vinculados a temáticas de género y medio ambiente. A través de su trabajo, el CCPE participa del colectivo Ojo Verde junto a otras organizaciones locales: el Museo provincial de Ciencias Naturales Dr. Ángel Gallardo, AMTRAM, Paren de Fumigarnos, Propuesta Sur, la Biblioteca Pública Municipal José Manuel Estrada y el Taller de Comunicación Ambiental de Rosario, además de otras personas que participan de manera independiente.

El colectivo se conformó hace cuatro años para traer a Rosario la itinerancia del FINCA (Festival Internacional de Cine Ambiental) y anualmente organizan ciclos de cine ambiental con conferencias y debates sobre temáticas socioambientales y de derechos humanos.

La última actividad que propusieron estaba relacionada con el documental Fotosíntesis, dirigido y producido por Diego Fidalgo en coproducción con el fotógrafo Matías Sarlo, disponible en la plataforma digital Vimeo. La actividad se trataba de un conversatorio en el que el director de la película dialogaba con varios integrantes de la Asociación de Realizadores Experimentales Audiovisuales de Rosario. La encargada de conducir la entrevista fue Mónica Fessel, fotógrafa y docente de cine y fotografía.

En el documental, la cámara de Diego Fidalgo sigue a Matías en uno de sus proyectos fotográficos. Matías es oriundo de Rafael Obligado, un pueblo en el norte de la provincia de Buenos Aires. Se trasladó a Rosario a trabajar como fotoperiodista para distintos medios. Pero por la insatisfacción generada por la falta de honestidad y de afinidad ideológica que sentía en su trabajo decidió volver al mundo rural, a la localidad de Julio V. López y trabajar de manera independiente.

Cuando, tras esos años, volvió a visitar su pueblo, pudo observar los cambios sufridos por su comunidad natal a raíz de las transformaciones ocurridas en el campo y su nuevo modelo productivo, con la implantación masiva de los monocultivos de soja: procesos de despoblación de familias que, por la automatización del trabajo, se habían visto obligadas a moverse a la ciudad, gran cantidad de taperas y casas abandonadas, escuelas rurales cerradas por los peligros de la fumigación de agrotóxicos. Matías vio desaparecer puntos de encuentro, clubes, bibliotecas, escuelas, y decidió fotografiar esas ausencias en un recorrido por diferentes pueblos de la Pampa Húmeda para comprobar que lo que había observado en su pueblo no era un caso aislado.

Al escuchar su proyecto, el rosarino Diego Fidalgo no dudó en acompañarlo. Empezaron a grabar en 2012 y el proceso de rodaje se extendió a lo largo de unas cincuenta jornadas durante aproximadamente ocho años. Lo que cuenta el documental es ese recorrido, incluyendo el proceso creativo del proyecto de Matías.

La película es un registro puro y directo. No hay voz en off, ni diálogo entre los realizadores, ni formatos de entrevista. El sonido ambiente de los arroyos, de las chicharras y una sencilla banda sonora con suaves y repetitivos punteos de guitarra acompañan a las imágenes. Diego ni siquiera aparece. La cámara trata de captar la mirada fotográfica de Matías y su manera de comunicarse con el medio, siempre discreto y respetuoso en el retrato del paisaje y de sus habitantes. Ofrece, sin embargo, una imagen desoladora de las transformaciones del campo. Y a su vez hace un retrato social del mundo rural que poco tiene de postal.

El discurso político más explícito se escucha a través de la radio de la camioneta, que siempre
prendida en sus recorridos a través de la Pampa Húmeda, explica las consecuencias ambientales del monocultivo de la soja: pérdida energética y desertificación de suelos por los cultivos intensivos de tres cosechas anuales. Nada de los cuantiosos beneficios del negocio de la soja se reinvierte en el cuidado del terreno. También se retrata en el documental una resistencia explícita ciudadana, en la caravana itinerante organizada por las organizaciones de la zona para protestar contra los peligros de los agrotóxicos para la salud de las familias.

Encontré similitudes palpables con la ruralidad española de la que provengo. La problemática de la despoblación es uno de los dramas que asola mi región, donde los pequeños asentamientos rurales, muchos de menos de cien habitantes, tienen una población tremendamente envejecida. Solo en los veranos sus calles se llenan de niños. Con el frío, los jóvenes huyen del trabajo del campo a las ciudades y los pueblos quedan prácticamente abandonados y olvidados de políticas públicas que garanticen una calidad de vida mínima para atraer a nuevos vecinos. En una generación, si no hay voluntad política, muchos habrán desaparecido.

También descubrí otros parecidos razonables, esta vez menos desafortunados, en algunas tradiciones que tienen que ver con las festividades rurales, donde nunca falta la música, los trajes regionales, las procesiones, algunas costumbres quizás anticuadas y anacrónicas como la designación de la Reina de las fiestas, y, por supuesto, los bailes agarrados. En esas parejas de señores que bailaban en una plaza al ritmo de algo que en mi oído sonaba parecido a un pasodoble, vi a mi tío Mariano y mi tía Blanqui en cada fiesta de mayo del pueblo de mis abuelos. Por el contrario, encontré otros motivos muy locales, únicos de la región, como la veneración al Gauchito Gil en un pueblo de la provincia de Corrientes, o los duelos entre payadores al estilo de las batallas de gallos de los raperos contemporáneos.

Más íntimo es el retrato que hace Matías de la familia Ríos, que vive en un pueblo cercano a su casa. En la sonrisa del fotógrafo se refleja la complicidad que lo une a ellos. Se trata de una de esas familias en peligro de extinción dedicada a la cría y a la caza de animales para su venta. Hasta los niños ayudan a amarrar las ovejas para esquilarlas. En el conversatorio, Diego Fidalgo, un hombre afable y reservado, habló de cómo el trabajo de estas familias corre peligro por la burocratización de su negocio.

A la pregunta de Mónica sobre el porqué seguir a un fotógrafo para hablar del medio ambiente, Diego respondió que en la ciudad vivimos rodeados de campo sin saber lo que pasa en el campo. Contaba cómo Matías le fue abriendo los ojos: donde veían una tapera vacía, eso era un pueblo que desapareció, familias que se fueron a vivir a la ciudad, y que quizás ahora estén viviendo ahora en una villa o cartoneando. Habló de la pérdida de los saberes y los oficios rurales, y aportó un dato impactante: en los últimos años unas 300.000 personas se han ido del campo a Rosario.

Uno de los momentos más potentes del documental se da cuando Matías, en un acto de restitución simbólica de la memoria, pega unos retratos a tamaño real en la fachada de una de esas taperas abandonadas. Con este gesto reivindica la importancia de esas personas en la memoria, y en la historia de la cultura rural de la Argentina.

Para terminar de redondear la propuesta de Ojo Verde del visionado del documental y el conversatorio con Diego Fidalgo, en una galería del centro rosarino, está expuesta la muestra de fotografía que Matías hizo durante el rodaje del documental. Los jueves a la tarde, proyectan la película en la vidriera del local en un acto que consigue llevar las problemáticas del campo al mismísimo centro de la ciudad rosarina, tristemente conocida como “La Capital de la Soja”. La galería en la que se puede visitar la muestra de Matías se llama Subsuelo.

 

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Vie. 4/9 - Vie. 11/9
Finalizado

Hora

Todo el día

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