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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 23

Capítulo 23. Subsuelo

La tercera vez que entré a Subsuelo, me sentía ya como en el living de mi casa. Sus anfitriones,
los Danieles, siempre se encargan de contagiar esa sensación de calidez a cualquiera que se anime a cruzar el umbral de su puerta, bien sea para visitar las muestras expuestas en el subsuelo de la galería o para charlar en torno a un café sobre arte o sobre la vida misma. Incluso en el terrible contexto de un apocalipsis pandémico, su conversación cercana y su humor encantador amenizan cualquier visita al número 238 de la calle Balcarce.

La galería tiene una disposición particular. Nada más entrar accedemos a la tienda, un espacio reducido en cuyas estanterías hay una pequeña selección de la obra a la venta y donde no falta un cómodo rinconcito con una mesa y varios sofás para las charlas y las reuniones. Unas escaleras bajan al subsuelo propiamente dicho, donde se ubica el amplio espacio expositivo de estilo industrial, con muros de paneles blancos, pisos de cemento pulido y columnas metalizadas.

El espacio se divide en dos salas. Ahora mismo, la más grande está ocupada por Arqueologías del Duelo, una muestra curada por Nancy Rojas que reúne obras de tres artistas textiles contemporáneas de diferentes generaciones -Dann Andereggen, Daniela Arnaudo y María Blanco-, con estilos y propuestas muy diversas en las que, sin embargo, conviven los conceptos de desterritorialización y borramiento. En El gabinete, la sala más chica, ideal para exposiciones más íntimas, se presenta la muestra de fotografía en blanco y negro que la cámara de Matías Sarlo tomó durante el rodaje de la película FotosíntesisRetrato de un paisaje.

Tras haber curioseado concienzudamente las dos muestras en ocasiones anteriores, esta vez mi motivación era otra: averiguar cómo había surgido el proyecto de la galería y saber un poquito más de su trayectoria y la de sus creadores. A pesar de conocerme apenas de vista, cuando les propuse la idea de tener una pequeña charla para documentarme en la escritura de este capítulo, les faltó tiempo para poner en marcha la cafetera.

La galería se inauguró en septiembre de 2017, y está a puntito de cumplir tres años. Tres socios comparten el proyecto: Daniel Andrino, director de la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto y vendedor de alfombras en sus ratos libres, Paulina Scheitlin, artista, gestora y comunicadora social y Daniel Pagano, el arquitecto. El punto de encuentro fue la escuela Musto donde los tres se conocieron. En una clase de dibujo con Julián Usandizaga, maestro rosarino recientemente fallecido, hablaron de Juan Grela. Daniel P. quedó fascinado por su obra, y ahí comenzó todo: con un grabado de Grela.

En un momento en el que justo terminaba de pagar un auto, Daniel se encontró con que al final de mes tenía un excedente de dinero, unos 100 pesos de los de entonces. Con ese pequeño capital se decidió a comprar un grabado de Grela y enmarcarlo le salió 300 pesos. Esa
fue la primera obra que colgó en su pared y ahí se prendió una chispa fundadora. Empezó a comprar asiduamente grabados de artistas rosarinos convirtiéndose en un pequeño coleccionista. Surgieron entonces varios interrogantes: ¿por qué le atraía el objeto de arte? ¿por qué quería tenerlo? ¿qué significaba el cuidado de una obra de arte? Y así empezó a asimilar que, en algún futuro lejano, cuando terminara su carrera profesional como arquitecto, podía llegar verse en una galería de arte.

La idea se volvió más real cuando comenzó a buscar un espacio adecuado y encontró en Mercado Libre un recinto medio extraño de unos 150 metros cuadrados. Se trataba de un pequeño local que daba a la calle con un amplio subsuelo que era un desastre. Tras el incendio de calle Salta, el local, que había sido una peluquería y un videoclub, había quedado cerrado porque el edificio sufrió algunos movimientos. Las instalaciones cloacales se habían desplazado y el sótano estaba parcialmente inundado.

Daniel sabía que si lo compraba tendría que invertir una gran cantidad de dinero para dejarlo en condiciones y no lo dudó. Tampoco registró las negativas del administrador del edificio y de la municipalidad para habilitar el local como galería comercial, y si le entregaron el local un jueves, el sábado ya empezaron con las reformas y la limpieza. Mientras hacían reuniones con Paulina y con el otro Daniel pensando cómo idearían la galería, pintaron los muros, se enfrentaron a varias inundaciones e hicieron las obras pertinentes con el plomero. Como arquitecto, Daniel sentía que estaba domando un espacio salvaje. Según contaba, haberle puesto el cuerpo a todas esas tareas fue determinante para el proyecto y para la implicación de las tres cabezas pensantes que, a pesar de los impedimentos, finalmente lograron sacarlo adelante.

Los tres se complementan a la perfección por pertenecer a mundos totalmente distintos. Está Daniel P. con su mente amueblada de arquitecto y una visión más empresarial. El otro Daniel, que viene del mundo de la educación y de haber dirigido una institución como la Musto durante tantos años, y Paulina, con su visión de artista y gestora cultural. Todas las ideas que surgen se filtran y quedan siempre mejoradas y aumentadas por el trabajo en equipo.

A la hora de definir los artistas y las muestras que se presentarán en la galería concluyen que solo toman decisiones si hay unanimidad. Trabajan con artistas históricos y con toda la parte de arte contemporáneo y les interesan los diálogos que se establecen entre las muestras que conviven en la galería por muy diferentes que sean. Cuando iniciaron el proyecto los tres hicieron un listado de qué artistas se imaginaban en este lugar y el 80% de los nombres coincidieron en las tres listas.

Cuentan que para ellos los artistas suponen un compromiso, y estudian siempre muy bien la
manera de enfocar cada muestra, ajustándose a las necesidades de cada artista en particular. Buscan curadores y voces que pueden abrirse paso en el ambiente nacional y han conseguido crear un lugar de visibilidad muy importante para que el arte rosarino no tenga que fugarse a la capital. Organizan actividades para activar las exposiciones, conversatorios con las creadoras, charlas con periodistas especializados o participaciones en ferias, y se preocupan de que el nombre del artista tenga una repercusión en su galería. A pesar de que una pata de su trabajo está en la educación y en la gestión cultural, tienen bien claro que la venta de obra es uno de los objetivos fundamentales del proyecto, no solo para los artistas, sino también para el mantenimiento del propio proyecto.

Sin embargo, afirman que uno de sus propósitos es una mayor democratización del mercado del arte. A pesar de ser conscientes de las dificultades de hacerlo, encuentran más gratificante tratar de vender más cantidad de obras a un público mayor, a un precio quizás más accesible, que limitarse a tres o cuatro grandes compradores que puedan comprar colecciones completas para tenerlas guardando polvo, y condicionar, además, la dirección del proyecto. Lo tienen claro: una obra puede estar en cualquier casa. Solo quiere una pared y unos ojos que la miren.

Cuando abrieron el espacio se preguntaron qué mejorarían de las galerías que ya existían, y consideraron fundamental que la galería fuera accesible, que la gente pudiera entrar, sentirse
cómoda y que le den ganas de quedarse. Huían del hermetismo, y querían ser capaces de atraer a nuevos públicos y de sacarle el prejuicio a quienes creen que no saben de arte contemporáneo. “De por sí nosotros somos habladores” afirman entre risas cuando les digo que a mí ya me conquistaron.

Para Daniel P. la galería se convirtió en una suerte de trinchera emocional, en esos tres últimos años en los que el mundo exterior se volvía cada vez más feo y hostil, y me hablaron entusiasmados de la energía que se genera en el espacio tras cada inauguración. “La sala queda como vibrando, se siente en el cuerpo”. En la cuarentena les ha faltado eso y ha hecho aún más evidente que si no está la gente, el espacio no funciona.

No saben cómo va a ser el futuro, pero sienten la suerte de estar en uno de esos lugares donde el acto amoroso fue fundante. Con ese amor y cuidado por sus artistas y habituales visitantes, estoy segura de que sabrán seguir adelante.

Siento que todas las que estamos metidas en la cultura estamos aprendiendo de esas estrategias en este contexto. Desde el centro cultural seguimos experimentando y esforzándonos por que nuestro público siga ahí a pesar de las particularidades y enredos de la dichosa Virtualidad.

 

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Fecha

Vie. 11/9 - Jue. 17/9
Finalizado

Hora

Todo el día

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