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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 33

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 33. Bonavena

Martina fue la primera en hablarme de Bonavena. Había hecho un plan de sábado noche con sus sobrinos para ir a cenar una hamburguesa y me invitó. Al pensar en hamburguesas me imaginé algo tipo Mc Donalds, pero ella me corrigió enseguida: “Nada que ver. Bonavena es probablemente la antítesis de Mc Donalds. Si querés probar algo genuinamente argentino, tenés que ir allí a comerte un choripán”.  Finalmente, ese día no pude ir con ellas, pero ese comentario me dejó tan intrigada que le propuse volver a la semana siguiente.

En esa primera visita aún era invierno. Hacía frío para estar en el patio así que buscamos una mesa en el interior del bar. Se trata de un pequeño restaurante con espacio para unas ocho mesas. La cocina está comunicada con el comedor y desde la barra se aprecian los fogones. Los muros son de chapa metálica, pero lo que más llama la atención es su decoración. Solo hace falta echar un pequeño vistazo para adivinar que una está en un bar peronista. No hay más que leer el letrero: “Usted está en Bonavena. Aquí la patria es el otro”. Las caras de Evita, de Cristina y de Néstor aparecen por todas partes.

En la entrada, encima de unas cajas de cerveza, una televisión antigua da la bienvenida. Sobre su pantalla hay una pintada: “se vende por mentiroso”. El humor predomina en todas las citas que se leen en las paredes: “Mujer bonita es la que come choripanes”, “Prohibido escupir al personal”, “No hay wifi. Hablen entre ustedes” o “Vení solo: el amor y el choripán no se mezclan”. También abundan los eslóganes políticos: el “ni una menos”, el “nadie es ilegal” y los pañuelos, verdes, morados, las banderas argentinas y las whipalas completan la ambientación del lugar.

Habitué del bar, Martina conoce de sobra al dueño del restaurante, Guillermo, quien aquella noche nos atendió enseguida y muy amablemente. En lugar del choripán, compartimos un bocadillo de lomo, provolone ahumado, cebolla y huevo. En la carta, hasta los sándwiches y hamburguesas abundantes, que vienen acompañados de papas fritas también tienen nombres originales: Nicolino, Tigresa, Compañera, Guerrillera o Bonita. Para beber, hay cerveza Santa Fe, coca-cola y vino malbec “El peronista” y recomiendan beber “agua de todos y todas sin costo”.

Tras esta visita, supe que tenía que escribir un capítulo sobre Bonavena en el diario y al comentárselo a Guillermo, me propuso que me acercara otro día, cuando el restaurante estuviera más tranquilo, para charlar y contarme la historia del local. Antes de irnos me regaló dos pegatinas. La primera con una ilustración de Evita con los brazos tatuados y una camiseta de rock&roll. En la segunda aparecía Alberto Fernández con actitud de Peter Parker arrancándose la camisa y la corbata para dejar ver debajo un traje de superhéroe con el escudo peronista del partido justicialista.

La última vez que volví a Bonavena, la semana pasada, por fin tuvimos esa conversación. Esta vez fui con Meli. Hacía una noche veraniega estupenda así que, para disfrutar del fresquito nocturno y no tentar al covid, reservamos en el patio. Nos tocó una mesa redonda con la cara de la cantante de cumbia Gilda estampada en su superficie.

El patio era un antiguo club de barrio en el que todavía permanecen la portería de fútbol a un lado y una canasta de baloncesto al otro. Está cálidamente ambientado con bombillitas de colores. Era la primera vez que Meli iba a Bonavena y sonriendo, como recordando algo, soltó: “Ay, pero esto es muy patio de casa argentina”.

Había plantas repartidas por todo el espacio, acomodadas en los más dispares recipientes: latas, botellas, sillas, cubos de plástico, sillas y hasta en una carretilla. En un rincón, colgaban de una cuerda de tender la ropa una sábana y algunos manteles. En el medio del patio había un micrófono enchufado aguardando a que algún espontáneo se atreviera a agarrarlo.  Cada centímetro de los muros del patio estaba decorado con fotos, carteles de marcas antiguas, plantas o murales, y pensé que pese a ser un museo de la argentinidad popular, había allí algo almodovariano. A nuestra espalda identifiqué un castillo del popular muralista Jorge Molina, al lado de una recreación de la niña con el globo de Banksy y la cara de un payaso llorón.

De nuevo, las pintadas cubrían los muros con frases hilarantes y eslóganes políticos: “Ella tan Bonavena y ella tan cajita feliz”, “Sonríe. Evita te ama”, “Je suis peroniste”, “El ajuste mata”, “All you need is conciencia de clase” y mi favorita: “Mensaje para los lindos: los feos somos más. Así que no nos hagan enojar”. También estaba recogido en grandes letras moradas el acto fallido más lindo de Alberto Fernández, cuando en un acto en 2019 tras ganar las elecciones, dijo “volvimos para ser mujeres” en lugar de “volvimos para ser mejores”. Mientras cenábamos escuchamos varias versiones de la marcha peronista, una incluso con estilo de cumbia.

Guillermo me reconoció y después de atender a todas las mesas, se acercó a charlar con nosotras. Al preguntarle por cómo había surgido la idea de un bar tan original, nos contó que hacía varios años trabajaba como ilustrador de cine en Buenos Aires, dibujando a personajes como Dibu, de la mítica novela de televisión argentina “Mi vida es un dibujo”.

Se tuvo que venir a Rosario por motivos familiares, y como aquí no podía ganarse la vida con lo que hacía en la capital, se le ocurrió la idea de montar un bar. Aunque enseguida se autoproclamó como muy peronista, nos contó que en aquel momento la idea no era montar un bar temático. Además, según explica, cuando llegó estaba gobernando Cristina, por lo tanto, la militancia no era tan necesaria.

El primer negocio que abrió estaba en el barrio Referinería y se trataba de un bar muy underground, al que más que un público común, acudían las bandas de rock de Rosario después de algún concierto y surgían allí movidas musicales muy espontáneas.

En 2015, tres meses antes de que entrara Macri al gobierno, abrieron el local actual, y ahí sí que quisieron darle un aire más peronista y militante al espacio. A pesar de su particularidad y de ser posiblemente el único bar de Rosario con estas características, evitan hacer de Bonavena un bar muy comercial: “no queremos que venga más gente de la que viene”. Y aunque otros bares peronistas de Buenos Aires le hayan propuesto hacer algún tipo de circuito temático, Guillermo comentaba que con algo tan preparado se perdería la frescura del local. A pesar de ello, el bar tiene cierto renombre y según nos contó, Axel Kicillof y Máximo Kirchner suelen venir a Bonavena cuando pasan por Rosario.

Para explicar la familiaridad del bar, nos contó una anécdota: en una noche de verano muy calurosa, una mujer agobiada por el calor y la humedad comentó: “ojalá pudiera meter los pies en una carreta con agua fría”. Y sus deseos fueron órdenes. Le prepararon una carretilla con agua helada para que pudiera cenar a gusto.

“Nada de lo que pasa aquí es muy preparado”. No suelen venir a tocar bandas enteras para un concierto programado, sino que todo surge en el momento. Si, por ejemplo, viene a comer el cantante de una banda, puede que improvisadamente se ponga a cantar. Lo mismo pasa con los murales. Cualquiera con un pincel que quiera pintar algo en las paredes de Bonavena es bienvenido. Solo hay un límite: nada de fútbol. Obviamente, una entiende que tampoco se puede “bardear” a Cristina y a Néstor.

Al preguntarle por la estética tan particular del local, nos contó una historia. Habló de una novia que tuvo en el pasado en cuya casa había montado dos paredes de exposición. En una colocaba todos los elementos lindos que encontraba en sus viajes: fotografías, carteles, recuerdos; en la otra, todo lo feo. Y, sin embargo, la pared de los elementos feos resultaba, en su conjunto, mucho más interesante de examinar que la otra. Bonavena tiene algo de eso. No es un rincón o un mural del patio el que hace al bar sino la suma de todos sus elementos.

Aquella noche, aunque insistimos, Guillermo no nos dejó pagar y prometimos volver pronto. No podría ser de otra manera. Tengo que comer al menos un último choripán antes de despedirme de Argentina.

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Mar. 24/11/20 - Vie. 27/11/20
Finalizado

Hora

Todo el día

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Publicado el martes 24 de noviembre de 2020.