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#CCPEenCasa El diario de Inés. Capítulo 7

Inés Arribas es nuestra becaria española* y cada viernes nos compartirá un capítulo de su diario narrando sus impresiones durante su estadía en Rosario.

Capítulo 7. El Centro Cultural Parque de España

Mi primer día en el Centro Cultural fue un domingo de marzo. Traté de arreglarme un poquito para causar buena impresión, aunque calzarse unos vaqueros negros y una camisa de manga larga supusiera un suplicio, por el calor infernal de aquel mediodía veraniego.

Notaba los típicos nervios por la incorporación a un nuevo trabajo, así que decidí caminar hasta el centro cultural para tratar de dominarlos en el paseo. Me tranquilizaba el hecho de que la correspondencia a través de correo electrónico con Fernanda, mi tutora y directora del centro, había sido muy fluida durante los últimos meses. Ella y Giulia, la coordinadora del equipo, se habían mostrado más que dispuestas a echarme una mano con todos los trámites previos a mi llegada: información de la ciudad, visado, vuelos, búsqueda de alojamiento… “Estamos deseando conocerte”, así se despedían en el último mail que habíamos cruzado. Y eso, ciertamente, me reconfortó, me dio ánimos y muchas ganas de empezar.

Aunque ya conocía el itinerario, salí de casa una hora antes, por las dudas. Mis pobres pies se resintieron por el brusco cambio de las botas de invierno a las sandalias de verano y aunque traté de disimular el dolor, llegué con ampollas al Parque España.

Efectivamente, era temprano y las puertas del centro aún estaban cerradas. Así que al primero que saludé, fue a Marcos, el guardia de seguridad, que también había llegado pronto. Ante su cara de sorpresa al verme sola en la explanada desierta -eran las 3 de la tarde y no había una sombra bajo la que cobijarse- le expliqué que era la nueva becaria del centro. Él quizás percibiendo mi nerviosismo, me tranquilizó asegurándome que me iba a sentir muy a gusto en el equipo.

Pronto llegaron Lucía y Fernanda. Su abrazo cariñoso de bienvenida y su interés por mis primeros días en Argentina terminaron de calmarme. Por fin le ponía cara a Fernanda. A la vez que parecía una persona seria, se mostraba cercana, y transmitía una sensación de mucha seguridad en todo lo que decía.

Lucía es la responsable de la parte de programación correspondiente al área de artes visuales, y me acompañó en el recorrido de los tres túneles que conforman las galerías de exposición del centro. Me pareció muy llamativa la disposición de los túneles como espacio expositivo. A pesar de ser, efectivamente, unos corredores cerrados y sin ventanas al exterior, su estructura abovedada y su cálida iluminación, especialmente dispuesta para las muestras, los convertía en una especie de santuarios.  Además, al estar bajo tierra conservaban una temperatura ideal sin necesidad de ventilación. Me daban ganas de quedarme a dormir allí.

Lucía me comentó los horarios de visita y juntas recorrimos la muestra expuesta en aquel momento. Se llamaba Yeguas, y estaba formada por casi ochenta ilustraciones sobre grandes mujeres de la historia y de la cultura argentina e internacional. Fue para mí una muy grata sorpresa, pues desde hacía un tiempo, me estaba iniciando en el mundillo de la ilustración. Así que me entretuve un buen rato mirando las obras y leyendo sobre la vida de algunas de las mujeres homenajeadas que, lo reconozco con cierta vergüenza, desconocía.

Lucía me puso al día, además, de las muestras que iban a exponerse durante el resto del año y me comentó que una de mis funciones sería la de recibir al público en las galerías al menos una vez por semana. Me pareció una idea estupenda, pues recientemente había estado trabajando en un pequeño museo cercano a mi ciudad, y estaba acostumbrada a lidiar con todo tipo de públicos y a manejarme con cierta soltura en las visitas guiadas.

Fernanda me enseñó el resto de las instalaciones que albergaban espacios para todo tipo de eventos. En el Túnel 4, paralelo a las galerías de exposición, tenían lugar las conferencias y las proyecciones de cine. De ahí pasamos al enorme teatro, con un aforo para más de quinientas personas. Aunque había visto fotos de todos los espacios en internet, su tamaño fue lo que más me impresionó. Recorrimos las bambalinas y los camerinos subterráneos, y me entusiasmó la idea de poder trabajar y moverme en esos espacios, siempre ocultos para los espectadores. El teatro estaba cerrado y a oscuras, pero traté de imaginarme cómo sería aquel espacio vivo, lleno de gente en las gradas, expectantes ante una función, mientras al otro lado del telón tendría lugar todo ese movimiento silencioso de actores y técnicos, cambios de vestuario y maquillaje, que suceden durante un espectáculo detrás de escena.

Volvimos a salir al patio de los cipreses, donde había bancos y unas mesitas muy agradables en las que poder descansar y tomar un café, y desde allí accedimos a las oficinas del centro, el que sería mi lugar de trabajo habitual. Encima de las oficinas está la mediateca, con una colección muy interesante de materiales sobre arte contemporáneo a disposición del público. Un espacio íntimo, decorado por estanterías repletas de libros, en el que también se desarrollan los talleres de formación impartidos en el centro. Estaba muy feliz, porque en marzo podría incorporarme a Chiquero, un taller de poesía creativa dirigido por tres referentes fundamentales de la ciudad: Gabby de Cicco, Caro Musa y Cristian Molina. Aún no sabíamos que el coronavirus trastocaría muchos de nuestros planes.

Al día siguiente conocería por fin al resto del equipo: Gustavo y Mariel se ocupan de las tareas de administración. Tamara, es la secretaria a la que siempre podemos recurrir si hay algún problema. Tito se encarga de tareas de limpieza y maestranza. Pablo se dedica a la programación de artes escénicas. Virginia desarrolla talleres especiales relacionados con género y medio ambiente. Gastón es el responsable del área de producción. Andrea se ocupa de la mediateca y es especialista en proyectos de cooperación al desarrollo. Sofía gestiona la comunicación de todas las actividades del centro. Melisa recibe a diario a los visitantes en las galerías y está en la boletería cuando hay algún evento en el teatro. Pepi es ayudante de producción, y finalmente, Ricardo y Esteban se encargan de las tareas técnicas.

Estaba encantada. Me encontraba en uno de los enclaves fundamentales de la cultura en la ciudad, todo un referente para el resto de los espacios de Rosario, y además, contaba con todo un equipo de profesionales del que poder aprender durante los siguientes nueve meses. Reconozco que sentí cierta presión por el deseo de estar a la altura de las circunstancias, pero el cariño y la profesionalidad del equipo humano me transmitió mucha seguridad.

Había que celebrarlo y soltar las tensiones acumuladas, así que aquella misma noche salí a tomarme Mi primera Cerveza en Argentina.

 

 

*Inés Arribas es española, de la ciudad de Aranda de Duero, provincia de Burgos. Y llega a nuestro Centro Cultural a través de la Beca de Formación en Gestión Cultural y Diplomacia Científica en la Red Exterior de Representaciones Diplomáticas, Centros Culturales de España y en la AECID.

 

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Fecha

Vie. 22/5 - Vie. 29/5
Finalizado

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